Alejandro Andreassi Cieri
El fascismo era para Gramsci, a pesar de la multitud de temas tratados en sus cuadernos, la cuestión fundamentar a investigar y a explicar. Según Enzo Santarelli, “Gramsci es el hombre por excelencia de la lucha contra el fascismo, a cuya superación consagra toda su vida y todas sus energías intelectuales y morales”,[1] pero con una intención que va más allá del antifascismo, donde el objetivo continuaba siendo la emancipación de las clases explotadas y dominadas, la que se vislumbraría en el horizonte una vez derrotado el fascismo. En esa tarea y como resultado de su investigación desarrolla esa enorme cantidad de conceptos que forman hoy parte del instrumental de ideas que nos ha legado Antonio Gramsci. y que continúan siendo esenciales hoy en día tanto para la investigación y reflexión sobre los fascismos históricos como para los procesos políticos del mundo actual incluido el análisis de la extrema derecha, que como en los tiempos de Gramsci vuelve a constituirse como amenaza a la humanidad y se yergue como obstáculo a la construcción de un mundo alternativo al capitalismo. Basta con ello mencionar los conceptos que se han analizado a lo largo de este seminario[2], para entender que esos valiosos conceptos surgen en una praxis teórica que no se deriva de la especulación sino de la reflexión sobre los fenómenos de su época y sus antecedentes históricos que Gramsci intenta desarrollar para explicar y explicarse la tremenda derrota sufrida por la clase obrera italiana y los caminos a recorrer para derrotar al fascismo y colocar las bases de un proceso revolucionario. Para Enzo Santarelli[3] en su introducción al libro con los escritos de Gramsci sobre el fascismo afirma que “casi toda, por no decir toda, la obra de Gramsci —la política y la ‘literaria’— ataca al fascismo en sus diversas etapas y aspectos, desde sus raíces y orígenes’ hasta sus manifestaciones más maduras, situadas entre la crisis económica y la víspera de la guerra”.[4] Esto último es particularmente importante, porque Gramsci, en su interpretación sobre las causas del fascismo se desvincula de quienes atribuyen su surgimiento a la crisis postbélica o a la Gran Guerra, sin tener en cuenta las profundas transformaciones políticas, culturales y económicas previas a 1914.
Varios autores recuerdan esa intencionalidad de Gramsci citando dos preguntas que sobrevuelan tácitamente su obra, expresadas por Palmiro Togliatti:
«Una pregunta no formulada nos acompaña, si sabemos leerlos, en cada cuaderno, en cada página: – ¿Cómo esto fue posible?, ¿cómo esto puede desaparecer?» (Togliatti 2001, 177).[5]
En 1923, un año después del triunfo del fascismo, Gramsci plantea varias preguntas que serán una guía tácita de sus investigaciones, reflexiones y actuaciones hasta el final:
“Hay que hacer una despiadada autocrítica de nuestras debilidades, es preciso empezar por preguntarnos por qué hemos perdido, quiénes éramos, qué cosa queríamos, a dónde queríamos llegar [. ¿Por qué los partidos proletarios italianos han sido siempre débiles desde el punto de vista revolucionario? ¿Por qué han fallado cuando debían pasar de las palabras a la acción? Ellos no conocían la situación en la que debían actuar, no conocían el terreno en el que tendrían que dar la batalla”.[6]
Para responder a estas preguntas Gramsci recurre a dos fuentes. Esas dos fuentes son, por una parte, la construcción del Estado italiano durante el siglo XIX -el Risorgimento- del cual resulta un orden político incapaz de resolver o que profundiza las grandes contradicciones sociales y políticas resultantes de la constitución de un régimen burgués en Italia y por otra los efectos del impacto de la Primera Guerra Mundial en ese Estado y sociedad surgidas del Risorgimento y las transformaciones del capitalismo que le suceden. De ese análisis extrae la conclusión que los factores que desembocaron en el fascismo ya existían en germen en el XIX italiano. De ahí también deduce la hipótesis de que si la unificación italiana y su consolidación como reino fue parte de la revolución pasiva europea que condujo a la construcción de las sociedades burguesas europeas durante ese siglo en respuesta a la tremenda convulsión que para las clases dominantes representó la gran revolución francesa, la superación de la profunda crisis del modelo liberal-burgués dominantes en Italia y otros países a la salida de la Gran Guerra se hizo a través del fascismo como revolución pasiva del siglo XX.[7] Pero fue una revolución pasiva que no se limitó a transformar la esfera política -la superestructura- sino que transformó a la economía -la base- para adaptar el capitalismo a las condiciones impuestas por la crisis de postguerra y especialmente a la Gran Depresión de 1929-30 y recuperar su capacidad de acumulación y reproducción, para contrarrestar, como afirma Gramsci, “la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia”.[8]
La compulsión que impele a la consecución del beneficio y a la acumulación del capital es el primus movens de la civilización capitalista, y la caída tendencial de la tasa de beneficio era un motivo fundamental para explicar las transformaciones que se estaban produciendo en el sistema capitalista.[9] Por ello, como nos dice Gramsci, las crisis de esta civilización no son finales en tanto y en cuanto las puede superar modificando las formas y procedimientos para poder responder positivamente a esa pulsión, lo que explica dos cosas: que el capitalismo organizado sustituye al de libre competencia como respuesta a la crisis de entreguerras, y que el catastrofismo de la Komintern no tenía razón de ser, justamente por esa capacidad adaptativa del sistema. Gramsci extrae estas conclusiones apoyándose en el marco que ofrece la propuesta de Marx delineada en el prefacio de la Crítica de la Economía Política de 1859, donde este planteaba que: (“Ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen nuevas y más elevadas relaciones de producción antes de que las condiciones materiales para su existencia hayan madurado dentro de la propia sociedad antigua” C. Marx, Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política, 1859).
Ello le sirve a Gramsci para justificar porque una crisis capitalista por más profunda que sea no implica necesariamente el derrumbe del sistema, el cual puede variar sin eliminar sus rasgos fundamentales: producción de plusvalía y su reproducción y acumulación. Al mismo tiempo la reflexión de Gramsci sobre la propuesta corporativa, y más aún la del americanismo-fordismo le permiten afirmar que la superestructura no es un simple reflejo de la base económica, como afirmaba el marxismo determinista y mecanicista, sino que existía una relación dialéctica entre ambas que permitía una respuesta adaptativa del sistema en el marco de estructuras sociopolíticas diferentes, como podian ser los EE.UU de Roosevelt, la Italia de Mussolini o la Alemania de Hitler. La relación superestructura-base variaba según el contexto histórico y los antecedentes en que se producía en cada una de esas formaciones sociales, manteniendo rasgos profundamente diferenciales, en un caso democracia representativa (aunque significativamente presidencialista) y en los otros dos casos dictaduras totalitarias, pero con rasgos comunes como la de relación entre Estado y sociedad civil (encarnada en las grandes corporaciones capitalistas) así como una organización productiva dirigida por las concepciones de la OCT[10] (taylorismo + fordismo) y progresivamente vinculada a concepciones biologistas que pretendían constituir la base de la sociedad y el capitalismo organizado, al menos en el caso de los fascismos.
En general, en los países centrales (Europa y EE.UU) la respuesta fue el “americanismo” que en la Italia fascista adquirió la fisonomía del corporativismo. Gramsci menciona a Massimo Fovel, un intelectual mussoliniano para mostrar como el fascismo concebía al corporativismo como “… concepción de la corporación como un bloque industrial-productivo autónomo, destinado a resolver en sentido moderno y acentuadamente capitalista el problema de un ulterior desarrollo del aparato económico italiano, contra los elementos parasitarios y semi-feudales de la sociedad que sacan una tajada demasiado grande de la plusvalía”.[11] Es una reflexión de Gramsci que sienta sus hipótesis ya en los debates del III Congreso de PCI, las tesis de Lyon, y que serán el hilo conductor de su investigación y reflexiones registradas en sus Cuadernos de la cárcel.[12] Dice Gramsci en los Cuadernos que el núcleo característico de la revolución pasiva fascista residiría en “… el hecho de transformar la estructura económica «reformistamente» de individualista a economía planificada (economía dirigida) y el advenimiento de una «economía media» entre la individualista pura y la planificada en sentido integral, permitiría el paso a formas políticas y culturales más avanzadas sin cataclismos radicales y destructivos en forma exterminadora”, y el instrumento sería el corporativismo (la adaptación europea[13] del americanismo).[14] Estas conclusiones de Gramsci impactaban y cuestionaban el corpus teórico del PCI de la época para el cual el capitalismo de estado sólo podía alcanzarse como resultado de la conquista del poder político por la clase obrera. Aceptar otra consideración significaba aceptar que el capitalismo era capaz de resolver su propia crisis y que el Estado era una realidad superior a las clases. Gramsci, en cambio, analizaba el corporativismo en el marco de una dimensión mayor que la de la preparación del fascismo para la guerra. [15]
Propondrá definir al fascismo como la forma y el contenido que adquiere la «revolución pasiva» del siglo XX, ateniendo a su característica de forma histórica de la hegemonía conservadora en los países donde el sistema capitalista había sido introducido bajo la guía de la reacción, un proceso cuyas raíces, para Italia, se hundían en el Risorgimento (también entraría dentro de esta categoría el fascismo alemán). De acuerdo con esta propuesta de Gramsci el surgimiento del fascismo es la respuesta a la crisis de hegemonía de la clase dominante. Carlo Spagnolo señala que Gramsci destaca la importancia del “transformismo”, la cooptación de intelectuales -especialmente de dirigentes sindicales- en el desarrollo del fascismo y que señalaría uno de los aspectos específicos de la su revolución pasiva.[16] La característica que diferencia a la revolución pasiva fascista de la revolución pasiva decimonónica del Risorgimento reside en que los fascistas incorporaron a las clases subalternas a la actividad estatal subordinadas a un poder centralizador en lugar de neutralizarlas o rechazarlas tal como habían hecho las liberales entre 1860 y 1918: “… La dictadura moderna abolió también estas formas de autonomía de clase [partidos, sindicatos, asociaciones de cultura] y se esfuerza por incorporarlas a la actividad estatal”.[17] Como escribe Fabio Frosini: “En este sentido, se puede decir que el Estado totalitario es, en el mismo movimiento, una estatalización de la sociedad y una socialización del Estado. Aquel logra perpetuar la condición de pasividad de las masas gracias a una paradoja: llevando hasta el extremo aquella actividad de organización, que significaba precisamente la salida de la pasividad, pero apropiándosela y sustrayendo su dirección a las masas”.[18] Las masas no tienen en dicha dictadura ninguna función mínimamente autónoma, su encuadramiento es de tipo militar o religioso.[19]El aspecto religioso se evidencia en la intención de fanatizar a sus seguidores a través del ideario y el accionar fascista, aspirando a la imposibilidad de ser refutado por medio de argumentos racionales. Este carácter del fascismo es el que ha motivado que algunos historiadores, como Emilio Gentile, planteen que el fascismo pretendía funcionar como una “religión política” a la que debían convertir a todos los italianos.[20]
Su caracterización del fascismo como una nueva forma de gestión del conflicto social está vinculada a su propuesta de reconsideración de la naturaleza del Estado como una entidad que trasciende su papel coercitivo con el fin de disciplinar los sectores populares para adecuarlos al proceso de producción, para actuar como un momento de equilibrio entre sociedad política y sociedad civil en el que la hegemonía de la clase dominante se expresa también a través de las organizaciones (las casamatas o fortificaciones)[21] de la sociedad civil (escuela, sindicato, iglesia, universidad y otras instituciones académicas), lo que permite reconocer una cierta autonomía de lo político frente a lo económico. De ahí la importancia de los factores culturales operados y gestionados por los intelectuales[22] en el desarrollo e internalización de la ideología y toda una nueva escala de valores como aspecto central del proceso de reconstrucción hegemónica que representa el fascismo. Es el reconocimiento de esta autonomía de lo político lo que le permite a Gramsci rechazar rotundamente la tesis del social-fascismo, basada en la asunción, predominante en ese momento en la Komintern, de que el fascismo era un instrumento pasivo subordinado a la gran burguesía -su tropa de choque. Desde esta perspectiva el fascismo, según Gramsci, sería una solución de carácter militar a un “equilibrio estático” entre burguesía y proletariado, como solución cesarista para superar el equilibrio catastrófico entre fuerzas antagonistas de imposible fusión o asimilación recíproca como puede ser la relación moderna entre burguesía y proletariado, a diferencia de otras épocas históricas donde esa asimilación recíproca era posible, como en el caso de César o Napoleón I.[23] De acuerdo con estas consideraciones al fascismo cabría agregarle, según Gramsci, el de ser el representante “… práctico para Italia, ideológico, para Europa” de la guerra de posiciones.[24] Es ese el momento en que plantea su hipótesis en forma de pregunta: «¿No sería el fascismo precisamente la forma de “revolución pasiva” propia del siglo XX, así como el liberalismo lo fue del siglo XIX?». Y la desarrolla en el paso siguiente:
“Habría una revolución pasiva en el hecho de que por intervención legislativa del Estado y a través de la organización corporativa, en la estructura económica del país se introdujeran modificaciones más o menos profundas para acentuar el elemento «plan de producción», es decir, se acentuaría la socialización y cooperación de la producción sin tocar por ello o sólo regulando y controlando, la apropiación de la ganancia individual y de grupo. En el contexto concreto de las relaciones sociales italianas esta podría ser la única solución para desarrollar las fuerzas productivas de la industria bajo la dirección de las clases dirigentes tradicionales en competencia con las más avanzadas formaciones industriales de los países que monopolizan las materias primas y han acumulado capitales imponentes”.[25]
De acuerdo a ello esa revolución pasiva se produciría en el marco de una transformación profunda de la organización y producción capitalista, ya estimulada e impuesta por la Gran Guerra con la imagen del “capitalismo organizado” (Hilferding) -o sea la coordinación entre Estado y capitanes de industria- para reactivar y recuperar la economía, y más aún tras la gran depresión iniciada en 1929 y que requeriría del dominio completo de ese sistema de casamatas y fortificaciones que constituyen la sociedad civil en relación armónica con la sociedad política para restaurar plenamente la hegemonía de las clases dominantes. De ahí también la importancia que Gramsci le otorga al análisis del americanismo y fordismo para explicar el contenido material del proyecto fascista, y una de las razones que lleva a Gramsci a decir que “la hegemonía nace en la fábrica”.[26]
Una de las situaciones que pueden propiciar los recambios en la dirección política y social según Gramsci, es cuando las organizaciones políticas tradicionales y principalmente sus dirigencias se separan y enfrentan a sus bases. La continuación de esa situación conflictiva es lo que Gramsci denomina “crisis de autoridad”, sinónimo de crisis de hegemonía o crisis de Estado (teniendo en cuenta la consideración del Estado como relación entre sociedad política y sociedad civil). El origen y contenido de la crisis, como el mismo considera, puede ser el fracaso de la clase dirigente “… en alguna gran empresa política para la que ha solicitado o impuesto con la fuerza el consenso de las grandes masas (como la guerra) o porque vastas masas (especialmente de campesinos y pequeñoburgueses intelectuales) han pasado de golpe de la pasividad política y plantean reivindicaciones que en su conjunto no orgánico constituyen una revolución”.[27]En la primera posguerra la crisis de autoridad se manifiesta en la autonomía de la clase obrera que sale de la pasividad a través de las organizaciones del movimiento obrero[28] (esto se observa no sólo en Italia sino también en Alemania y otros países europeos). Es en esa coyuntura cuando puede aparecer el hombre providencial, el líder carismático o un núcleo político decidido (como fue el gobierno de coalición de Ramsay MacDonald de 1931-1935 Gobierno de Unidad en Gran Bretaña) que propongan e impulsen una reconstrucción hegemónica. En ese caso conviene recordar los conceptos de cesarismo o bonapartismo y sus variantes progresista (César, Napoleón) o regresivo (Bismarck o Napoleón III). En realidad el carácter progresivo o regresivo del fenómeno cesarista reside en que el primero ayuda a la fuerza progresista a triunfar aunque a costa de ciertos compromisos que atemperan su victoria; mientras el segundo ayuda a triunfar a la fuerza regresiva también con compromisos o limitaciones.[29] El fascismo es una dictadura cesarista cuyo carácter regresivo, de acuerdo a la clasificación que ofrece Gramsci, se debe a que restaura el poder de la burguesía industrial y agraria amenazado en el caso italiano por la gran movilización obrera de 1919-20 y en el caso alemán por la necesidad de derrotar al potente movimiento obrero socialdemócrata y comunista. Pero no representa en ninguno de los dos casos un retorno al statu quo ante ya que ambos representan un reconocimiento del carácter masivo que había adquirido la actividad política en la postguerra que intentan resolver con el encuadramiento subordinante de las masas combinado con la destrucción de las organizaciones políticas y sindicales autónomas del movimiento obrero. En ese sentido la crisis de autoridad -la pérdida de hegemonía por las organizaciones políticas tradicionales representantes de las clases dominantes, es resuelta con una nueva hegemonía que reconstruye el poder de las mismas pero a través de un bloque simbiótico entre capital industrial y agrario con el Estado y el partido único a través de la organización corporativa, en el caso de Italia. En el caso de Alemania el bloque simbiótico se estableció entre dictadura nazi, gran capital, ejército, burocracia estatal y NSDAP[30] (especialmente la rama militar-policial-represiva representada por las SS), como señalaba Franz Neumann con el concepto de dictadura policrática,[31] y fue tal porque no solo ese bloque fue dominante a través de un feroz y muy moderno aparato represivo, sino porque también gozó de consenso entre amplios sectores de la sociedad alemana, que buscaba seguridad y estabilidad después de la experiencia de la hiperinflación y la Gran Depresión y temía a la potencialidad revolucionaria del movimiento obrero. Ese es el sentido en el que ambos procesos de instauración fascista consisten en sendas revoluciones pasivas, ya que reúnen las características de un nuevo tipo de autoridad con la restauración de la hegemonía de las clases dominantes – por lo tanto socialmente negativa-, la movilización subordinada de las clases subalternas, y la reorganización de las relaciones de producción capitalista para responder a la crisis sistémica de postguerra. Por eso para Fabio Frosini existen tres conceptos fundamentales que dan forman al análisis del fascismo por Gramsci: revolución pasiva, guerra de posiciones y cesarismo (seminario 22-1-2016: Il fascismo nei “Quaderni del carcere”).[32]
Gramsci comienza a analizar el fenómeno fascista desde antes de su arribada al poder en noviembre de 1922. Ahí están sus artículos recopilados por Enzo Santarelli, o más recientemente en una edición epilogada por Luciano Canfora. A partir de su encarcelamiento las necesidades de evitar la censura le impiden manifestarse del mismo modo que cuando estaba en libertad y por ello en sus Cuadernos de la Cárcel la entrada fascismo aparece muy pocas veces, en total veintiuna notas y quince veces mencionado en los diversos cuadernos (como referencia a textos de autores fascistas o próximos al fascismo).
Sin embargo, y a pesar del lenguaje a veces críptico[33] con el que Gramsci debió desarrollar su enorme tarea intelectual para evitar la censura, existe la posibilidad de conocer reflexiones de Gramsci sobre el fascismo y como combatirlo recogidas en las discusiones mantenidas con sus compañeros de presidio, en las cuales los subterfugios para evitar la censura dejaban de ser necesarios. Un ejemplo de ello podemos encontrarlo en el informe que redactó para la dirección del PCI en el exilio Athos Lisa, un militante comunista que compartió prisión con Gramsci.[34] Athos Lisa salió en libertad en 1932 y marchó al exilio elaborando ese informe en 1933. En el mismo Lisa explica que Gramsci desarrollaba varios puntos que consideraba esenciales para la lucha contra el fascismo: 1) una profunda revisión teórica que permitiera el abandono del maximalismo que se expresaba a nivel de la Internacional en la doctrina del social-fascismo (impuesto a partir del sexto congreso de la Komintern en 1928); 2) la caracterización del fascismo como una nueva forma de reacción que había conseguido unificar a toda burguesía y movilizar a favor de ella a la pequeña burguesía de la ciudad y el campo; 3) la necesidad de una amplia alianza entre clase obrera y campesinado para enfrentar al fascismo; que permitiría sumar a ese frente antifascista a la pequeña burguesía -especialmente a la agraria- que actuaba como estrato dirigente del campesinado. Por lo tanto, la relación necesaria entre obreros y campesinos no era sólo una cuestión de clase sino también de carácter territorial, “… uno de los aspectos de la cuestión nacional”, tal como afirmaba Gramsci en un texto de 1923.[35] Por ello Gramsci proponía que esa alianza entre obreros y campesinos debía objetivarse en una República federal de obreros y campesinos, para resolver la cuestión meridional y la contradicción entre norte y sur de Italia; 4) el abandono de las expectativas de una transición rápida al socialismo, lo que implicaba que a su juicio había pasado ya la fase de la guerra de movimientos y las fuerzas potencialmente antifascistas debían encarar una progresiva y dificultosa guerra de posiciones para arrebatar a la burguesía los bastiones que aseguraban su hegemonía y abatir el fascismo. Las clases que Gramsci consideraba como aliadas potenciales del movimiento obrero: el campesinado y la pequeña burguesía, debido al específico desarrollo histórico italiano difícilmente comprenderían desde el primer momento los objetivos finales de la organización comunista. Esta, por lo tanto, debía proceder lenta y constantemente en una acción pedagógica y práxica que implicaba asumir como propias las reivindicaciones de ambas clases en ese momento. Era un planteamiento de raíz leninista y también la orientación que nutría la propuesta del frente único. En esa construcción progresiva de la alianza antifascista entraba la consigna que proponía: la lucha por una asamblea constituyente que se propusiera alcanzar una transformación del Estado italiano abatiendo monarquía y estableciendo una república como “instrumento y paso previo al inicio de un proceso de transición al socialismo, siempre condicionado por las relaciones de fuerza en cada etapa, y que Gramsci explicaba con el siguiente argumento, tal como lo registraba Athos Lisa en su informe:
“Hoy sería fácil hacerle comprender al campesino del Mezzogiorno o de cualquier otra región de Italia, la inutilidad social del rey. Pero no es tan fácil hacerle comprender que el trabajador puede remplazarlo, de la misma manera que no cree posible sustituir al patrón. El pequeñoburgués o el oficial subalterno del ejército, descontento porque no asciende, por las condiciones precarias de vida, etc., estará más dispuesto a creer que sus condiciones de vida puedan mejorar en un régimen republicano que en uno de tipo soviético. El primer paso a través del cual hay que conducir a estos estratos sociales, es aquel que los lleva a definirse sobre el problema constitucional e institucional. Todos los trabajadores, inclusive los campesinos más atrasados de la Basilicata o de Cerdeña, comprenden ya la inutilidad de la corona”.[36]
Y como caso concreto utilizaba el ejemplo de cómo la brigada Sassari compuesta por campesinos pobres de Cerdeña, enviada a reprimir a los obreros turineses había acabado negándose a ello, como resultado de la previa movilización de los clases populares sardas contra las clases propietarias que había facilitado la intervención de activistas de L’Ordine Nuovo durante los hechos de 1919. Esas reflexiones sometidas a debate por iniciativa de Gramsci en las reuniones con sus compañeros de cárcel serían las que al final se relejarían en la propuesta del Frente Único de la clase obrera[37] y del Frente Popular aprobadas en el VII Congreso de la Komintern de 1935.
Luego de ese debate Athos Lisa informaba que fue él precisamente quien pidió a Gramsci que explicara como concebía al fascismo. Gramsci respondió que era imposible explicar el fascismo sin remontarse a sus raíces históricas que podían hallarse en la configuración política, social y económica alcanzada durante el Risorgimento. Una de las consecuencias del proceso de unificación italiana sería la de la falta de unidad en la clase burguesa italiana con dos bloques enfrentados y al mismo tiempo comprometidos en la estabilización general del sistema económico-político, con significación geográfica: el capital industrial del norte y la clase terrateniente del sur y las islas. Entre ambos bloques de las clases dominantes existía una división del trabajo que otorgaba un carácter colonial interno a la estructura del capitalismo italiano, en el que el norte industrial ejercía la función de una metrópoli capitalista que colocaba a las clases subalternas del Mediodía en las condiciones de una población colonial, mientras que la clase terrateniente y la mediana burguesía meridional ejercían el papel de aliados de la metrópoli para mantener sometidas a las clases populares.[38] El desarrollo del capitalismo italiano implicaba en una relación dialéctica el subdesarrollo y atraso de ese sur agrario. Ello había dado como resultado la constitución de un Estado débil, tanto a nivel interno como internacional. Los problemas que arrastraba históricamente el Estado italiano se verán agravados por la Gran Guerra y la crisis subsiguiente.

En su artículo de enero de 1921, publicado en L’Ordine Nuovo, “El pueblo de los monos” Gramsci define el carácter sociológicamente pequeñoburgués del fascismo.[39] En él Gramsci parte del análisis de como el desarrollo del capitalismo en Italia ha desplazado el papel económico de esa pequeña burguesía[40]y la había relegado al de tan sólo “clase política”, que imitaba en sus movilizaciones a la clase obrera y al campesinado.[41] Movilizaciones[42] que se produjeron poco después de la finalización del Bienio Rojo con la derrota de la clase obrera.[43] Esa masa pequeñoburguesa para Gramsci no sólo constituía la base de maniobra del fascismo sino que se caracterizaba también por pretender asumir la dirección política de Italia. En el primer análisis gramsciano del fascismo destaca como elemento original “…el hecho de que, por primera vez, [el fascismo] viene a representar una organización de masas nacional de las capas medias que pretenden programáticamente la dirección del país”.
Más tarde, en las tesis de Lyon definirá al fascismo “… como— como instrumento nuevo del dominio de clase— tendía en efecto a “realizar una unidad orgánica de todas las fuerzas de la burguesía en un solo organismo político bajo el control de una central única que debería dirigir juntamente al partido, el gobierno y el Estado”.[44]
La forma en que el fascismo intentaba restaurar la unidad burguesa sería mediante su carácter de movimiento de masas nutridas por la pequeña burguesía rural y urbana y especialmente por numerosos excombatientes que le otorgarían una funcionalidad militarizada al movimiento fascista. En Italia la pequeña y mediana burguesía improductiva adquirió relieve social con su participación en la Gran Guerra como oficiales y suboficiales. Este estrato social en la inmediata postguerra buscó mantener las funciones de dirección que había adquirido durante el conflicto, entre otras cosas para evitar caer en la pobreza debido a dicha crisis. Ello impulsó la autonomización de esas clases medias respecto a la política liberal. El Partido Nacional Fascista asumió la organización de esa masa pequeñoburguesa con una estructura centralizada y jerárquica -partido milicia- que le aseguraba su autonomía política pero con objetivos de clase burgueses. El objetivo del PNF residía en unificar la burguesía bajo su tutela y dirección.[45] Luego de analizar todos estos aspectos de la historia previa de Italia, Gramsci concluía que el fascismo surgía para resolver esa falta de unidad de la burguesía italiana en un momento en que se reducía el impulso revolucionario representado por las movilizaciones obreras turinesas. Un factor contribuyente al surgimiento del fascismo planteada por Gramsci fue el papel del PSI, “… suficientemente fuerte como para poner en jaque al sistema pero no para sustituirlo con una propuesta política factible”.[46] Sucedía lo mismo en Alemania donde el movimiento obrero y especialmente el SPD se mostraba incapaz de ofrecer una alternativa progresista a la política procíclica y recesiva de Brüning que agravaba las consecuencias de la Gran Depresión iniciada en 1929.
El proyecto fascista se define claramente por intentar superar la crisis capitalista de postguerra mediante la reconstrucción de un capitalismo organizado, que se expresa a través del proyecto corporativista. De ahí la importancia del cuaderno 22 dedicado al “Americanismo y fordismo”, donde plantea que el americanismo podría ser el sustrato funcional de la revolución pasiva del siglo XX, y cuyo objetivo sería el de “… superar la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia”.[47] “Toda la reflexión de Gramsci sobre este tema está centrada en la inseparabilidad del fordismo –entendido como forma de organización del trabajo desarrollada particularmente en la fábrica (taylorismo y producción en serie)– del americanismo, entendido como forma de organización de las relaciones humanas y sociales”. [48]
“… la conciencia clara del americanismo como una más orgánica y consciente propuesta capitalista de solución de la crisis económica; de intervención en el proceso productivo, de desarrollo de la hegemonía directamente a partir de la fábrica […] el mayor esfuerzo colectivo que se haya realizado hasta ahora para crear, con rapidez inaudita y con una conciencia del fin jamás vista en la historia, un nuevo tipo de trabajador y de hombre”.[49]
Gramsci, con sus tesis, enfrentaba no sólo a la doctrina imperante en la Komintern, sino también la existente en el seno del Partido Comunista de Italia. Por ejemplo, la defendida por Amadeo Bordiga, uno de los fundadores del PCI y su primer secretario General, quien consideraba al fascismo como un instrumento utilizado por las organizaciones políticas tradicionales de la burguesía. Para Gramsci el fascismo expresa la impotencia de esas formaciones políticas burguesas para mantener la dirección política de la sociedad italiana y por lo tanto de su hegemonía. El fascismo venía a recomponer esa hegemonía burguesa bajo formas diferentes a las del estado liberal italiano y por ello pretendía no sólo reestructurar el Estado sino integrar subordinadamente a las clases subalternas a través no sólo de la reestructuración política sino también económica a través del corporativismo. En lugar de la negociación y el consenso entre los representantes de las diferentes fuerzas burguesas el fascismo planteaba y exigía la unificación de esas fuerzas burguesas y su concentración en el seno de un estado y un partido. Tal como lo expresa en las Tesis de Lyon: “[el fascismo] …sustituye la táctica de los acuerdos y los compromisos con el propósito de realizar una unidad orgánica de todas las fuerzas de la burguesía y un solo organismo político bajo el control de una central única que debería dirigir al mismo tiempo el partido, el gobierno y el Estado”. Esa unificación de la dirección política de la burguesía sirve “… a la voluntad de resistir a fondo cualquier ataque revolucionario, lo que permite al fascismo obtener la adhesión de la parte más decididamente reaccionaria de la burguesía industrial y de los agrarios”.[50] Pero esta solución crea al mismo tiempo una nueva contradicción con la base plebeya (pequeñoburguesa) del fascismo que aspira a ejercer el dominio y dirección política.
También cabe aclarar que no se trataba de un proceso reaccionario más, sino que, a diferencia de los movimientos anteriores de defensa de las clases dominantes, el fascismo movilizaba e integraba las expectativas de al menos una parte de las clases subalternas, especialmente aquellas capas medias o pequeño-burguesas que creían tener intereses diferentes al proletariado y al campesinado pobre, que creían y deseaban continuar por encima de estas clases subalternas a pesar de que ya no tuvieran o no dispusieran de la base material que en otra etapa las legitimaba como clases diferenciadas. Como dice Luciano Canfora uno de los aspectos que hacen valioso el análisis del fascismo por Gramsci es “… que cualquier reacción capaz de convertirse en mayoritaria en la sociedad es […] una forma (isomorfa, es cierto y adecuada a su propio tiempo y modernizada) de «fascismo»”.[51] Gramsci demuestra con contundencia la falacia que cometíanquienes hablaban de “revolución fascista”, y sus reflexiones pueden utilizarse para poner en evidencia a los que hoy en día se presentan como “antisistema”, que tácitamente lo han copiado de los movimientos fascistas del período de entreguerras. No existe tal revolución porque bajo el fascismo se restablecieron las relaciones de explotación y opresión bajo otras formas, pero no se eliminaron.[52]
La principal enseñanza que se desprende del análisis que hace Gramsci del fascismo es que este surge cuando tras una crisis global del capitalismo, se hace necesaria para las clases dominantes la reconstrucción de su hegemonía liquidando gran parte de los valores y principios dominantes en la fase previa, así como la forma de organización de la explotación y el dominio por las clases dominantes de las clases subalternas. En el desarrollo de esa crisis se intensifica la fragmentación de la clase obrera por la propia dinámica de la crisis y la creación de normas que ahondan las fisuras y separaciones entre los subalternos. Por eso se reaviva y se materializa el racismo y el determinismo allí donde haga falta, conduciendo a una recomposición global de la forma de la civilización capitalista que aparenta un proceso revolucionario, aunque en realidad es profunda y radicalmente reaccionario. Esos procesos de fragmentación se ven facilitados por la desesperación y desorientación que conducen a la pasividad de una parte considerable de los grupos sociales subalternos que debilitan su cohesión y favorecen que un liderazgo carismático vertical y jerarquizador pueda sustituir lo que hasta ese momento era la organización colectiva, horizontal y autónoma de las clases subalternas. Como tal el fascismo es un proyecto de ingeniería social y antropológica que pretende organizar, normalizar y legalizar la desigualdad entre los seres humanos en el seno de la misma sociedad en que se instaura así como respecto a otras naciones o pueblos, como negación absoluta de los valores procedentes de la Ilustración y de las revoluciones emancipatorias desde la Gran Revolución francesa hasta los procesos revolucionarios del siglo XX.
Por ello la posibilidad del fascismo reside en que la crisis capitalista de carácter estructural fusiona el deterioro de las condiciones económicas con un alcance social mayor que otras crisis previas al incluir a sectores previamente poco afectados, como los sectores medios, con la pérdida de las expectativas de progreso individual y colectivo propios de esas clases medias mediante las cuales intentan diferenciarse de las clases subalternas, un fracaso de expectativas que les provoca un inmenso terror. A toda esta fenomenología cabe agregar, como hace Gramsci al señalar al PSI, que también intervienen como factores favorecedores del ascenso fascista el fracaso de las organizaciones del movimiento obrero y democráticas en general en responder desde la organización y movilización social e institucional concretas a las demandas concretas de las clases subalternas, incluidos los sectores medios afectados por dicha crisis.
Pero como hemos visto también en las reflexiones de Gramsci, en los antecedentes que explican el surgimiento de movimientos y proyectos fascistas no sólo cabe tener en cuenta el efecto inmediato de la gran crisis capitalista sino también reconocer los elementos de una larga evolución cultural, social, política y económica que se extiende entre 1860 y 1914 y que genera en diversos momentos los diferentes componentes que la crisis estructural (la Gran Guerra, Gran Depresión iniciada en 1929) reúne y forma como caleidoscopio fascista, actuando como el catalizador que reúne y actualiza todos esos fenómenos históricos previos a la propia crisis y al surgimiento del fascismo. Hoy en día esa larga evolución en la cual se irán conformando los elementos que constituyen a la extrema derecha y el neofascismo actuales está ocupada por la prolongada etapa de imposición y expansión del modelo neoliberal para reanudar el ciclo de acumulación capitalista que revirtió y destruyó muchas de las conquistas sociales y laborales que habían configurado el pacto social de la segunda postguerra, el Welfare State, con un catalizador, la crisis 2008-2011, que ha acelerado la actual ola neofascista.
Bibliografía
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Togliatti, Palmiro, y Guido Liguori. Scritti su Gramsci. Nuova biblioteca di cultura (Editori riuniti). Riuniti, 2001.
[1] Antonio Gramsci y Enzo Santarelli, Sobre el fascismo, 1a ed, Hombre y su tiempo (Era, 1979), 28.
[2] Revolución pasiva, hegemonía, guerra de posiciones – guerra de movimientos, bloque histórico, americanismo, subalternidad, reforma intelectual y moral o la reinterpretación del término inmanencia.
[3] La primera vez que aparece la palabra fascismo en un texto de Gramsci, según la recopilación realizada por Enzo Santarelli es en un artículo publicado en el periódico del PSI, Avanti, titulado «Previsiones» del 19-10-1920, ver Antonio Gramsci y Enzo Santarelli, Sobre el fascismo, 1a ed, Hombre y su tiempo (Era, 1979), 62.
[4] Gramsci y Santarelli, Sobre el fascismo, 13-14.
[5] Palmiro Togliatti (2001), “L’antifascismo di Antonio Gramsci”, Scritti su Gramsci, Guido Liguori (a cura di), Roma, Editori Riuniti, pp. 157-182 (1952).
[6] Gramsci y Santarelli, Sobre el fascismo, 24.
[7] Antonio Gramsci, Cuadernos de la cárcel. T. 2 (Era, 1999), C 4, <57> 216-217: “Vincenzo Cuoco llamó revolución pasiva a la que tuvo lugar en Italia como contragolpe a las guerras napoleónicas. El concepto de revolución pasiva me parece exacto no solo para Italia, sino también para los demás países que modernizaron el Estado a través de una serie de reformas o guerras nacionales, sin pasar por la revolución política de tipo radical-jacobino”.
[8] Antonio Gramsci, Cuadernos de la cárcel. T. 6 (Era ; BUAP, 1999), C 22 <1> 62.
[9] Antonio Gramsci, Cuadernos de la cárcel T. 4 (Ediciones Era, 1986), C 10 <41> 195 Escribe Gramsci “Sobre la tendencia descendente de la tasa de ganancia. Esta ley debería ser estudiada sobre la base del taylorismo y del fordismo. ¿No son estos dos métodos de producción y de trabajo intentos progresistas de superar la ley tendencial, eludiéndola con la multiplicación de las variables en las condciones del del aumento progresivo del capital constante?
[10] Organización Científica del Trabajo.
[11] Wolfgang Schivelbusch, Entfernte Verwandtschaft.: Faschismus, Nationalsozialismus, New Deal. <br /> 1933-1939, 1.a ed. (Fischer Taschenbuch Verlag, 2007); Gramsci, Cuadernos de la cárcel. T. 6, C 22 <6> 73.
[12] Palmiro Togliatti y Guido Liguori, Scritti su Gramsci, Nuova biblioteca di cultura (Editori riuniti) (Riuniti, 2001), 171.
[13] Planismo Henri de Man Partido Obrero Belga.
[14] Antonio Gramsci, Cuadernos de la cárcel T. 3 (Ediciones Era, 1984), C 8 <236> Puntos para un ensayo sobre Croce 344.
[15] Massimo Modonesi, ed., La revolución pasiva: Una antología de estudios gramscianos (Bellaterra Edicions, 2022), 73-74.
[16] Massimo Modonesi a cura di Guido Liguori, Diccionario Gramsciano (1926-1937), en UNICApress (UNICApress, 2022), 200-201, https://doi.org/10.13125/unicapress.978-88-3312-066-9.
[17] Gramsci, Cuadernos de la cárcel. T. 2, C 3 <18> 30; Giaime Pala, La fuerza y el consenso: Ensayo sobre Gramsci como historiador (Granada, 2021), 156-57; Fabio Frosini, «Revolución pasiva y laboratorio político» en, Modonesi, La revolución pasiva, 272.
[18] Fabio Frosini, «Revolución pasiva y laboratorio político: apuntes sobre el análisis del fascismo en los Cuadernos de la Cárcel», en Modonesi, La revolución pasiva, 272-73.
[19] Antonio Gramsci, Cuadernos de la cárcel. T. 5 (Era, 1999), C 17 <37> 327.
[20] Escribe Emilio Gentile que «… tras su llegada al poder, Mussolini y el partido valorizaron la interpretación del fascismo como nueva religión nacional para legitimar el monopolio del poder y para aniquilar como “enemigos de la fe”, a los adversarios del régimen. Esto sirvió asimismo para reprimir las disensiones en el seno del partido, para expulsar a los rebeldes como ‘traidores de la fe y exigir obediencia absoluta a los gregari. La inscripción al PNF no era un simple acto de adhesión a un programa político: comportaba un acto de devoción total, que comprometía en la vida y en la muerte». Emilio Gentile, Fascismo: Historia e interpretación (Alianza Editorial, 2004), 232.
[21] Sinónimo de guerra de posiciones vs. guerra de movimiento.
[22] Para Gramsci el concepto de intelectual significaba que cada grupo social, «al nacer sobre la base originaria de una función esencial en el mundo de la producción económica, crea al mismo tiempo, orgánicamente, una o más capas de intelectuales que le dan homogeneidad y conciencia de su propia función en el campo económico», de modo que «el empresario capitalista crea consigo al economista, el científico de la economía política» […] los intelectuales como «categoría orgánica», de la que el propio empresario moderno forma parte en la medida en que debe tener cierta capacidad técnica tanto en el ámbito económico en sentido estricto, como también «en otros campos, al menos en aquellos más cercanos a la producción económica» […] para Gramsci se trata de examinar las funciones «organizativas» y «conectivas» de los intelectuales, es decir, las funciones que realizan, cada vez, en formas peculiares e históricamente determinadas, en los procesos de producción de la hegemonía. (Pasquale Voza, en Guido Liguori, Massimo Modonesi, Pasquale Voza (edts.), Diccionario Gramsciano (1926-1937), (Cagliari: UNICApress, 2022), pp. 278-279): Giovanni Gentile, Corrado Gini, Alexander Tille, Fritz Lenz, Eugen Fischer, Gustav Krupp, Henry Ford.
[23] Gramsci, Cuadernos de la cárcel. T. 5, C 13, <27>, 67.
[24] Gramsci, Cuadernos de la cárcel T. 4, C 10, <9>, 130.
[25] Gramsci, Cuadernos de la cárcel T. 4, C 10, <9>, 129.
[26] Gramsci, Cuadernos de la cárcel. T. 6, C 22, <1>, 61 y 66.
[27] Gramsci, Cuadernos de la cárcel. T. 5, C 13, <23>, 52.
[28] Franco de Felice, «Revolución pasiva, fascismo, americanismo en Gramsci», en Modonesi, La revolución pasiva, 69.
[29] Gramsci, Cuadernos de la cárcel. T. 5, C 13 <27>, pp.65-66.
[30] Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei (partido nazi).
[31] Franz. Neumann, Behemoth: pensamiento y acción en el nacionalsocialismo (Fondo de Cultura Económica, 1983).
[32] Escribe Gramsci que : «En la época actual, la guerra de movimientos se ha dado políticamente desde marzo de 1917 hasta marzo de 1921 y le ha seguido una guerra de posiciones cuyo representante, además de práctico (para Italia), ideológico, para Europa, es el fascismo» (C 10 I, 9: 130).
[33] Por ejemplo así nombra a Lenin como Ilich, a Trotsky como Bronstein o Leone Davidovich, y a Stalin como Giuseppe Bessarione.
[34] Publicado por Joan Tafalla en su blog “Je ne regrette rien”, https://joantafalla.cat/2010/02/athos-lisa-discusion-politica-con-gramsci-en-la-carcel/ (consultado 31-102025).
[35] Antonio Gramsci, La qüestió meridional, trad. Alejandro Fortuna (Barcelona, 2023), 40.
[36] Joan Tafalla (trad.)“ATHOS LISA. DISCUSION POLITICA CON GRAMSCI, EN LA CARCEL”, https://joantafalla.cat/?s=athos+lisa (1-9-2025).
[37] Táctica del Frente Único: Offener Briefe (Carta Abierta, 7-1-1921) Paul Levi y Karl Radek, que recogía propuestas del sindicato metalúrgico de Stuttgart en un momento culminante de la contraofensiva patronal con el apoyo del ejército y de grupos paramilitares de extrema derecha como la Orgesch.
[38] Introducció de Joan Tafalla, Gramsci, La qüestió meridional, 27, 39, 62-63 y 79.
[39] Gramsci y Santarelli, Sobre el fascismo, 20 y 67-70.
[40] Georg Lukács
[41] Gramsci y Santarelli, Sobre el fascismo, 79.
[42] Luigi Fabbri La contrarevoluzione preventiva 1922.
[43] En el cual si bien la mayor movilización correspondió a los obreros industriales también hubo ocupaciones de tierras por los campesinos así como la decidida intervención de los ferroviarios que se negaron a transportar tropas.
[44] Gramsci y Santarelli, Sobre el fascismo, 18.
[45] Pala, La fuerza y el consenso, 145-48.
[46] Pala, La fuerza y el consenso, 137.
[47] Gramsci, Cuadernos de la cárcel. T. 6, C 22 <1> 61-62 y 72.
[48] Franco de Felice Modonesi, La revolución pasiva, 84-85.
[49] Franco de Felice Modonesi, La revolución pasiva, 86-87.
[50] En las Tesis de Lyon (enero de 1926), Gramsci y Santarelli, Sobre el fascismo, 200.
[51] Antonio Gramsci y Luciano Canfora, El fascismo: La sombra negra de cien años de barbarie: 05, trad. Carlos Clavería Laguarda (s. f.), 212.
[52] Gramsci, Cuadernos de la cárcel. T. 6, C 22 <15> 94.
