Antonio Gramsci y la filosofía de la práctica

Textos de Manuel Sacristán sobre Antonio Gramsci (2)

Manuel Sacristán

Compilació a cura de Salvador López Arnal i de José Sarrión 

En aquest segon lliurament de textos de Manuel Sacristán sobre Gramsci, el lector hi podrà trobar tres textos diferents:

1.- Antonio Gramsci: La «filosofía de la práctica», (1968).

2.- «Commemoració de Gramsci en el XL aniversari de la seva mort», esquema de la conferència de maig de 1977 impartida a la Facultat de Geografia i Història de la Universitat de Barcelona. Un comitè d’estudiants va organitzar un cicle de conferències sobre l’actualitat del pensament polític de Gramsci en el qual van intervenir Francisco Fernández Buey, Joaquim Lleixà, Josep Fontana, Antoni Domènech i l’autor. El títol de la seva conferència va ser «Commemoració de Gramsci en el XL aniversari de la seva mort».

3.- «Gramsci es un clásico, no es una moda», entrevista a Manuel Sacristán a càrrec de Félix Manito y Miquel Subirana publicada al Diario de Barcelona el dia 10 de maig de 1977.

Nota de l’editor de l’Associació d’Estudis Gramscians de Catalunya: el lector podrà trobar el primer lliurament d’aquesta compilació, clicant aquí:

1

Antonio Gramsci: La «filosofía de la práctica»

En «Corrientes principales del pensamiento filosófico», Enciclopedia LABOR, (1968) vol. X «AVANCES DEL SABER», pp. 797-799, Sacristán escribió de nuevo sobre Gramsci:

«La «filosofía de la práctica» es la comprensión del marxismo que tiene su representante principal en un autor ya clásico en la historia de la literatura italiana y en la de la filosofía universal: Antonio Gramsci (1891-1937), Algunos filósofos italianos, como Cesare Luporini, deben situarse dentro de esa tradición. La cual tiene en común con la anterior la concepción básicamente clásica o tradicional de la filosofía, pero se diferencia de ella por la acumulación dada al principio de la práctica, común a todo marxismo.

La «filosofía de la práctica» de A. Gramsci no es un pragmatismo, sino un modo de pensar que historiza los problemas teóricos al concebirlos siempre como problemas de cultura, de hegemonía de las clases en la sociedad y de la consiguiente vida global de la humanidad a través del tiempo. «Lo que interesa a la ciencia», escribe Gramsci, «no es tanto […] la objetividad de lo real cuanto el hombre que elabora sus métodos […], que rectifica constantemente sus instrumentos materiales […] y lógicos (incluidos los matemáticos); lo que interesa es la cultura […], la relación del hombre con la realidad por la mediación de la tecnología. Incluso en la ciencia, buscar la realidad aparte de los hombres […] [no es sino] una paradoja». «Para la filosofía de la práctica el ser no puede separarse del pensamiento, el hombre de la naturaleza, la actividad de la materia, el sujeto del objeto: si se practica esa separación, se cae […] en la abstracción sin sentido».

La filosofía ha de entenderse en la práctica de la humanidad, o, como escribe Gramsci, «concretamente, es decir, históricamente». Gramsci alude alguna vez a los precedentes de la filosofía de la práctica que cuajará en la obra de Marx:Tomás de Aquino, aún en línea con los griegos, pero con mayor énfasis, ha enseñado que «el entendimiento especulativo se hace práctico por extensión». Leibniz y Vico se han visto, en el otro extremo, arrebatados por un activismo del pensamiento: «Las cosas más especulativas son las más prácticas» (Leibniz); «Lo verdadero es el hecho mismo» (Vico). Hegel, por último, ha enseñado que «todo lo real es racional». La filosofía de la práctica ha de poner esos atisbos en un terreno nuevo: no es que la especulación se haga práctica por extensión, o que sea paralela de ésta, o la disuelva en sí, sino que la realidad humana es práctica, hecha por el hombre, y conocerla es hacerla. Por eso el tema del hombre es «el problema primero y principal de la filosofía de la práctica».

En la concepción marxista de Gramsci la cuestión «¿qué es el hombre?», entendida como cuestión filosófica, no pregunta por la naturaleza biológica de la especie, sino por otra cosa que puede formularse, con palabras suyas, del modo siguiente: «¿Qué puede llegar a ser el hombre? Esto es, si el hombre puede dominar su propio destino, si puede hacerse, si puede crearse una vida». Piensa Gramsci que todas las filosofías han fracasado hasta ahora en el tratamiento de esa pregunta porque han considerado el hombre reducido a su individualidad. Pero la humanidad del individuo comporta elementos de tres tipos: primero, el individuo mismo, su singularidad histórico-biológica; segundo, «los otros»; tercero, «la naturaleza». El segundo el tercer elementos son de especial complejidad: el individuo no entra en relación con los otros con la naturaleza mecánicamente, sino «orgánicamente» (con los otros) y «no simplemente (con la naturaleza) por ser él mismo naturaleza, sino activamente, por medio del trabajo y de la técnica» (incluyendo en este último concepto también los «instrumentos mentales», esto es, la ciencia y la filosofía). Gramsci formula a este respecto una categoría –«centro de anudamiento»– que es seguramente una de las respuestas conceptuales marxistas más claras a la problemática existencialista: «[…] esas relaciones […] son activas, conscientes, es decir, corresponden a un grado mayor o menor de inteligencia de ellas que tiene el hombre. Por eso puede decirse que uno se cambia a sí mismo, se modifica, en la medida misma en que cambia y modifica todo el complejo de relaciones del cual él es el centro de anudamiento». En ese punto puede considerarse ultimada la reelaboración por Gramsci del concepto de naturaleza humana de Marx: «que la naturaleza humana es el complejo de las relaciones sociales [como ha dicho Marx] es la respuesta más satisfactoria, ya que incluye la idea de devenir […]. Puede también decirse que la naturaleza del hombre es la historia».

Los temas que en los filósofos marxistas de corte tradicional componen partes principales del «materialismo dialéctico» (o sea, los temas procedentes de la «filosofía de la naturaleza» prerromántica y romántica), no se presentan prácticamente en la obra de Gramsci. El pensamiento de éste presenta, por otra parte, un punto que lo distingue característicamente de la filosofía marxista de orientación crítica; aún por examinar: se trata de su doctrina de las ideologías. Gramsci ha percibido que el hacer filosófico de Marx es sustancialmente crítica de las ideologías. Pero, por otra parte, Gramsci piensa que todo pensamiento relacionado con la práctica, como es el marxismo, ha de concluir construcciones más o menos ideológicas, mitos, como decía él mismo en sus escritos juveniles. En su edad madura no se decide ya a emplear esa palabra, pero tampoco a desideologizar completamente su concepción del marxismo. Esto le obliga a distinguir entre «ideología históricamente orgánicas, que son necesarias para una determinada estructura, e ideologías arbitrarias, racionalistas, queridas. En cuanto históricamente necesarias, tiene una validez que es validez psicológica, porque organizan las masas humanas, forman el terreno en el cual se mueven los hombres y adquieren conciencia de su posición, luchan, etc.». Con esa distinción Gramsci recoge su manera de leer a Marx desde su juventud. En 1918 había escrito: «Marx se burla de las ideologías, pero es ideólogo en cuanto hombre político actual, en cuanto revolucionario. La verdad es que las ideologías son ridículas cuando son pura charla, cuando se destinan a crear confusión, a ilusionar y a someter energías sociales, potencialmente antagónicas, a una finalidad que les es ajena.»

2

«Conmemoración de Gramsci en el XL aniversario de su muerte»

El estudio introductorio para la Antología de Antonio Gramsci (México, Siglo XXI editores, 1970) interrumpido, que el autor arrojó a la papelera (y recuperado por su amigo Jacobo Muñoz), fue editado por Albert Domingo Curto: Manuel Sacristán, El Orden y el Tiempo, Madrid: Mínima Trotta, 1998.

Años después, mayo de 1977, un comité de estudiantes de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Barcelona organizó un ciclo de conferencias sobre la actualidad del pensamiento político de Gramsci en el que intervinieron Francisco Fernández Buey, Joaquim Lleixà, Josep Fontana, Antoni Domènech y el autor. El título de su conferencia fue «Conmemoración de Gramsci en el XL aniversario de su muerte».

Esquema de la conferencia de 1977

Entre la documentación depositada en la Biblioteca de la Faculta de Economía y Empresa de la Universidad de Barcelona, puede verse el esquema de la conferencia de 1977 a la que hemos aludido en el apartado anterior. Salvo error por nuestra parte, no hay grabación de la misma.

1.1 Lo que me apetece hacer es una conmemoración de Gramsci, que Gramsci no sea pantalla en este aniversario de su muerte. Lo merece

1.1.1. Barcelona es sitio adecuado para la conmemoración.

1.1.1.1. Radio Barcelona.

1.1.1.2. Cesare Colombo.

1.2. Muchos recuerdos funerarios, ciertamente. No desconectados del tema. La inclinación a la elegía no es extraña en el caso de Gramsci.

1.2.1. Infancia.

1.2.2. Sufrimiento en la cárcel: visto por el mismo Gramsci.

2.1. Selección de un hilo continuo para reflexionar «conmemorativamente», esto es, de un modo breve, pero globalizador.

2.1.1. Y por consejo de Gramsci mismo.

2.2. Varios hilos continuos importantes:

2.2.1. La práctica y la teoría.

2.2.2. Los intelectuales.

2.2.3. La organización de la clase obrera.

2.2.3.1. Consejos.

2.2.3.2. Partido político.

2.2.4. El análisis de la cultura.

2.3. Mostrar el enlace entre ellos.

2.4. Y como otro hilo los resume todos: el orden y el tiempo. O el orden, el tiempo y la revolución en occidente.

2.4.1. Lo tomo también porque permite considerar el pensamiento político de Gramsci (y parte de su práctica) muy vinculado hacia su filosofía básica, por un lado, y hacia su vida, por otro.

2.4.1.1. Lástima grande que Gramsci no haya escrito su «Poesía y verdad».

2.4.2.2. Paggi (1967) y Gerratana (1975) sobre este punto: filosofía o teoría y política.

2.4.2.3. El mismo Gramsci lo ha dicho.

2.4.2.3.1. El filósofo y el político.

2.4.2.3.2. Insinuación.

3.1. El concepto gramsciano de revolución es instauración de un orden nuevo.

3.1.1. Recurrencia de la expresión, nombre de periódico y de revista.

3.1.2. «Tre principi, tre ordini».

3.1.2.1 Situación del artículo:11/2/1917. LCF.

3.1.2.2. Planteamiento (págs.17/18) [No leer]

3.1.2.3. Dos órdenes capitalistas (págs. 19/20) [No leer]

3.1.2.4. Situación en Italia (pág.22) [No leer]

3.1.2.5. El orden y el tiempo (pág. 22) [leer: los reformistas]

3.2. Teniendo presente la formación filosófica de Gramsci, se puede pensar que ella sea la causa de esa importancia de la idea de orden.

3.2.1. Porque se ha formado en un

3.2.1.1. Idealismo historicista (Croce)

3.2.1.2. Con punta luego biologista-organicista (Bergson)

3.3. De todos modos, más explicativa es la fase político-social durante la cual la cual ha cristalizado el pensamiento revolucionario de Gramsci.

3.3.1. Con implicación personal: los sufrimientos de infancia y juventud.

3.4. El mundo capitalista es así vivido como un imperio del mal describible como caos, desorden.

3.4.1. La guerra del 1914 para acabarlo de arreglar

3.4.1.1 El 13 o el 14 ingresó en el PSI.

3.5. El socialismo es el orden en sí: págs. 22/23 [leer]

4.1. Está claro que detrás de las concepciones del joven Gramsci no hay en primer plano filosofía de la tradición marxista de la II Internacional.

4.1.1. Sino incluso idealismo, que es como interpreta a Marx.

4.1.2. Lo que le va a ahorrar siempre estropearse con el Diamat futuro (Lubomir Sochor)

4.1.3. El Gramsci pantalla ha protagonizado discusiones sobre esto de su formación. Paggi despojó la redacción cultural del GP.

4.2. En ese mismo artículo Paggi ha visto en la contradicción inicial de Gramsci una razón de la importancia de la resolución política de su pensamiento.

4.2.1. Por lo demás, el mismo Gramsci lo había visto: las «incrustaciones positivistas» en Marx.

5.1. Entre la evidencia del caos, la revolución de Octubre (contra el canon histórico del Capital) y, tal vez, la juventud, el concepto organicista de orden, con su expansiva totalidad, y el bergsoniano o idealista de tiempo se imponen en su concepto de revolución.

5.1.1. Los consejos: son la concreción del orden nuevo en el seno del viejo orden relativo o absoluto desorden capitalista, y la simultaneidad de dos tiempos.

5.2. En aquel momento el marxismo, el Histamat, es conservador: Serrati

5.3. Consiguientemente, Gramsci se reafirma en su idealismo;

5.3.1. La revolución contra El Capital.

5.3.2. La historia.

5.3.3. En ese cuadro, nada de «número del movimiento», sino duración instantánea distinguida de otra por su cualidad.

6.1. Contraste con unos años más adelante, ya en la cárcel.

6.1.1. El factor tiempo

6.1.2. Previsión de tiempos largos, constituyente, etc.

6.1.2.1. Aunque no es nunca «vía parlamentaria».

6.2. El sentido autocrítico es indudable. Autocrítica, sin embargo, la había habido antes de la cárcel y de la victoria del fascismo, ya desde su época de Viena (1924).

6.2.1. Sobre el partido (la coacción) y los consejos (el orden),

6.3. Pero ahora el juicio autocrítico es algo más general, un tono, además de un pensamiento teórico, y engloba a la vez la vida personal

6.3.1. Final, incluso, del optimismo de la voluntad: pág. 339. Leer «Poesía y verdad».

6.3.1.1. Aunque no el político.

6.3.2. Mientras que en la autocrítica de Viena había escrito «Contra el pesimismo»

6.3.2.1. Artículo que, por cierto, impide tomar a Gramsci como pantalla para la renuncia a la III Internacional.

6.4. La declaración más categórica sobre el tiempo es autobiográfica y es filosófica a la vez: Págs. 341/342 [leer]

6.5. Ese es el fondo biográfico sobre el que entender al Gramsci maduro.

7.1. Este último Gramsci es ante todo, como generalmente se admite, un analista de la derrota de la revolución proletaria en Occidente, y teorizador de su recuperación.

7.1.1. Autocrítica y crítica retrospectiva sobre Occidente. Aunque quizá:

7.1.2. Desesperación con el VI Congreso (1928).

7.2. Base que encuentra en el análisis: la complejidad del orden social de Occidente, con su consolidación de estratos históricos (→ Tiempo).

7.2.1. Éste es el punto de arranque de la reordenación de su pensamiento.

7.3. Guerra de movimiento y guerra de posiciones.

7.3.1. Cómo vivieron sus camaradas la idea de Gramsci. Testimonio de Garuglieri.

7.3.2. Estudio de un paso clásico

7.3.3. No ignorar precedentes [¿saltar?]

7.3.3.1. Trotski.

7.3.3.2. Lenin.

7.3.3.2.1. En general.

7.3.3.2.2. Incluso la comparación militar.

7.4. La hegemonía, campo clave de la guerra de posiciones:

7.4.1. Comparar con los precedentes, Lukács-Korsch: [¿saltar?]

7.5. Peculiar de Gramsci es el hacer de eso una estrategia completa

7.5.1. Con aspecto también ofensivo (y justificador de Stalin): pág. 292 [No leer]

7.5.2. Muy general: los órdenes y los tiempos.

7.5.2.1. Es curioso que se puede entender como una complementación por inversión de una idea de Marx, la de la base propia.

8.1. Muy a menudo, de todos modos, el aspecto ofensivo de sus tesis finales parece sumergido por la desesperación.

8.1.1. Ya hemos mencionado su reacción al VI IC

8.1.2. Alguna alusión a R.

8.1.3. Lo mismo en el plano más personal.

8.1.3.1. Sicco Polenton.

8.1.3.2. E incluso generalización.

8.1.3.3. Su indecisión finalísima.

8.1.3.4. La última impresión de Sraffa a Spriano.

8.2 Pero pese a reconocimiento autocrítico de la derrota histórica de la III Internacional, del error de las previsiones y de la deficiencia o incumplimiento del esquema explicativo de la revolución.

8.3. No hay, frente a la evolución socialdemócrata, abandono de fines ni desnaturalización del movimiento.

8.4. Tal vez, incluso, ni siquiera pesimismo social: págs. 502-503.

3

«Gramsci es un clásico, no es una moda»

Con ocasión de estas jornadas, fue entrevistado por Félix Manito y Miquel Subirana para Diario de Barcelona, 10/V/1977. 

Pregunta. – La actividad política e intelectual de Antonio Gramsci es suficientemente conocida y centra la atención a la hora de realizar su biografía. ¿Cómo era Gramsci al margen de estas actividades, cómo caracterizaría su personalidad?

Era bajito, contrahecho por un accidente sufrido en la infancia. Durante un traslado, ya preso, le presentaron a un anarquista, y este se negó a admitir que aquel hombre tan pequeño pudiera ser Gramsci.

De joven era muy volitivo y apasionado. La cárcel y el sufrimiento físico lo neurotizaron mucho, como a cualquiera en sus circunstancias, o acaso un poco más que a otros. Al final de su vida el sufrimiento se le adormeció en melancolía, y volvió a ser capaz de escribir cuentos, por ejemplo, y, en general, de dirigirse a los niños.

Pregunta. – ¿Cuáles fueron los principales elementos que intervinieron en la formación política de Gramsci?

Primero la experiencia del mal social. Luego la del movimiento obrero organizado, ya en Cerdeña, y, desde luego, en Turín. Luego la revolución rusa y la derrota de la revolución en Occidente. Y sólo en último lugar lo aprendido en la lectura de los clásicos de la tradición emancipatoria1, en especial los marxistas.

Pregunta. – Desde 1921, momento en el que, como diputado comunista y como dirigente del partido, Gramsci se entrega plenamente al combate contra el fascismo mussoliniano hasta su muerte en 1937, después de 11 años de encarcelamiento, todo ese tiempo se caracteriza por una activa reflexión teórica que se plasma en los «Cuadernos de la cárcel» y en las «Cartas», escritas desde las sucesivas prisiones por las que pasó. En síntesis, ¿cuáles son las ideas y aportaciones de esta reflexión teórica?

Bueno, yo no veo que en 1924 Gramsci tuviera ya en claro que el enemigo principal e inmediato fuera el fascismo. Creo que por esa fecha, aunque ya había comprendido que la revolución no estaba al alcance de la mano, seguía pensando en el fascismo como en cosa pasajera y no muy diferente de otras formas de dominación capitalista. No me parece que Gramsci haya podido rectificar ese eufórico error de la III Internacional antes de su prisión. En cambio, sí que lo tenía corregido en 1928, cuando el VI Congreso de la Internacional exacerbó ese error hasta lo catastrófico. Ese es el momento en que cuaja, en mi opinión, su mayor aportación: la explicación de la dificultad de la revolución en Occidente. El hecho mismo ya lo habían visto otros, principalmente Trotski y Lenin. Pero Gramsci coloca ese hecho en el centro de su reflexión, y descubre en él la vital complejidad del estado por así decirlo occidental, o sea, del estado capitalista que vive ya sobre base propiamente capitalista, arraigado en una sociedad que no tiene ya con él más contradicciones que las orgánicas a ese modo de producción. Dejémoslo en eso: me parece mejor subrayar ese punto central que recitar una lista de méritos de Gramsci sin que nos podamos detener ante ninguno de ellos.

Pregunta. – ¿Qué papel jugó Gramsci en el movimiento comunista internacional?

Antes de su detención, Gramsci ha hecho unas cuantas cosas de importancia internacional: ayudar decisivamente a imponer la política del Ejecutivo de la Internacional en el Partido Comunista de Italia: luego, enfrentarse al naciente estilo estalinista (esto fugazmente, en vísperas de su detención, reclamando que la mayoría del ejecutivo ruso no aplastara a la minoría derrotada, señaladamente a Trotski). Digo que se opuso al estilo estalinista, porque Gramsci no se opuso al contenido de la política de Stalin. La defendió, aunque es verdad que idealizándola, en sus escritos de la cárcel.

Ya en la cárcel, Gramsci fue objeto de actividad internacional del movimiento comunista y democrático en general. Por cierto que Barcelona – y aún más precisamente: Radio Barcelona bajo el poder popular durante la guerra civil- se puede citar honrosamente a este propósito.

Pregunta. – En los dos últimos años, particularmente fuera de Italia, se ha hablado y escrito mucho acerca de la actualidad de Antonio Gramsci: sobre todo se asiste a un considerable aumento del interés por su pensamiento político. En su opinión, ¿qué factores explican este gran interés?

Veo el hecho, y me ha sorprendido. Cuando en 1958 publiqué la primera exposición que se ha hecho aquí del pensamiento de Gramsci, sólo se fijaron en ella, por lo que he podido saber, los presos comunistas de la cárcel de Burgos. Y eso estaba en uno de los libros-máquina más presentes en las bibliotecas españolas. En cambio, estas dos semanas pasadas el ciclo sobre Gramsci en la Facultad de Geografía e Historia contaba con un auditorio digno de la lectura de un buen poema: por la cantidad y vitalidad.

Ahora que, por lo que hace a las causas, creo que es imposible contestar con una sola explicación. Cada uno es cada uno. Los comunistas italianos han tenido casi siempre muy presente a Gramsci, quizá porque contar con un clásico de esa fecundidad en la tradición más directa de uno es una cosa que da consistencia, identidad. En otros casos la adhesión a Gramsci es adhesión a sus proposiciones, o a algunas de ellas. En otros, por último, no tanto a proposiciones sueltas cuando a la actitud y a los fines de Gramsci, sin olvidar los personales: en suma, a lo que más bien desafortunadamente se suele llamar «el método».

Pregunta. – ¿No cree que existe el peligro de caer paradójicamente en una dogmatización de su teoría, dogmatización que él mismo combatió en una línea verdaderamente renovadora?

Desde luego que sí. Y sería una lástima, porque Gramsci es de los autores que menos se merecen eso. Por de pronto, teoría sólo se puede decir a sus pensamientos en un sentido muy vago, casi etimológico, en el sentido de visión. Y luego porque toda su obra, la hecha y la actuada, su método, como se dice, es apertura, disponibilidad a la experiencia en función de los fines. Gramsci ha sido, con interesante paradoja, un característico «filósofo de la práctica» y, al mismo tiempo, el clásico marxista más capaz de contemplación. Contemplación del mundo exterior y del interior.

Pregunta. – A finales del año pasado en Francia circulaban fotografías de Antonio Gramsci con el siguiente pie: «Antonio Gramsci el Lenin de Occidente». Este y muchos más reclamos publicitarios pueden calificarse como el momento álgido de la «moda» Gramsci. ¿Hasta qué punto podemos decir que en España ha empezado a pasar lo mismo?

No sé hasta qué punto, pero también a mí me parece eso. Y lo lamento.

Pregunta. – Últimamente, a la hora de buscar las fuentes de lo que se ha denominado eurocomunismo se ha acudido al pensamiento gramsciano. ¿Considera válido este presupuesto?

Vaya, ya empezamos, que diría el Forges. En primer lugar, la palabra «eurocomunismo» no rebasa el grado de precisión del lenguaje publicitario, así que no me es posible usarla. Y, en segundo lugar, Gramsci es un clásico, o sea, un autor que tiene derecho a no estar de moda nunca y a ser leído siempre. Y por todos. Ya a propósito de las preguntas anteriores ha salido este asunto, aunque haya sido de refilón. Nadie tiene derecho a meterse un clásico en el depósito del coche, como si fuera el tigre del anuncio. Dicho sea de paso, a los comunistas italianos no se les puede reprochar nada en este punto: ellos han sido los primeros en decir que Gramsci no es propiedad privada suya.

Lo esencial es eso. Pero, de todas maneras, porque no parezca que escamoteo nada, añado: en la obra de Gramsci hay, desde luego, un valioso esfuerzo por fundar el pensamiento y la práctica emancipatorios en la realidad del capitalismo pleno, del capitalismo con base propia. Pero, suponiendo que la palabra «eurocomunista» quiera decir algo preciso y que ese algo sea afirmación de una vía parlamentaria hasta otra sociedad y recusación del concepto de dictadura del proletariado, se puede indicar que Gramsci no ha creído nunca que la superación de la sociedad capitalista se pudiera conseguir por vía no revolucionaria ni, en particular, por vía parlamentaria: para él, todo lo que llamaba guerra de posiciones era preparación de una fase inevitable de asalto (inevitable para que haya revolución social, la cual por su parte, ha sido perfectamente evitable hasta el momento). Tampoco ha pensado que fuera evitable el régimen de liquidación coactiva de la propiedad burguesa al que la tradición marxista llama dictadura del proletariado. Lo que no quiere decir, naturalmente, que identificara ese régimen con las formas y la práctica gubernamentales de un estado determinado.

Notas de edición:

1 El eurocomunismo fue una política, una «línea estratégica», defendida por algunos partidos comunistas de Europa Occidental (PCF, PCI, PCE) y de otras zonas del mundo (PC de Japón o el PC de México) en la década de los setenta. En síntesis, en apretada y discutible síntesis, se defendía la posibilidad de una transformación socialista de las sociedades capitalistas en el marco de las democracias representativas, sin rupturas ni cambios radicales, pero, a diferencia de la socialdemocracia de la época, sin renunciar a la finalidad socialista. En «A propósito del “Eurocomunismo”» (1977) (Intervenciones políticasop. cit, pp.196-207), puede verse el punto de vista de Sacristán sobre esta orientación política.

2) Sobre los clásicos de la tradición marxista, señalaba Sacristán en «La tarea de Engels en el Anti-Dühring» (Sobre Marx y marxismoob. cit, pp. 46-47): «(…) Por regla general, un clásico – por ejemplo, Euclides- no es, para los hombres que cultivan su misma ciencia, más que una fuente de inspiración que define, con mayor o menor claridad, las motivaciones básicas de su pensamiento. Pero los clásicos del movimiento obrero han definido, además de unas motivaciones intelectuales básicas, los fundamentos de la práctica de aquel movimiento, sus objetivos generales. Los clásicos del marxismo son clásicos de una concepción del mundo, no de una teoría científico-positiva especial. Esto tiene como consecuencia una relación de adhesión militante entre el movimiento obrero y sus clásicos. Dada esta relación necesaria, es bastante natural que la perezosa tendencia a no ser crítico, a no preocuparse más que de la propia seguridad moral, práctica, se imponga frecuentemente en la lectura de estos clásicos, consagrando injustamente cualquier estado histórico de su teoría con la misma intangibilidad que tienen para un movimiento político-social los objetivos programáticos que lo definen. Si a esto se suma que la lucha contra el marxismo – desde afuera y desde dentro del movimiento obrero, por lo que suele llamarse “revisionismo”- mezcla a su vez, por razones muy fáciles de entender, la crítica de desarrollos teóricos más o menos caducados con la traición a los objetivos del movimiento, se comprende sin más por qué una lectura perezosa y dogmática de los clásicos del marxismo ha tenido hasta ahora la partida fácil. Y la partida fácil se convirtió en partida ganada por la simultánea coincidencia de las necesidades de divulgación – siempre simplificadora- con el estrecho aparato montado por Jdhanov y Stalin para la organización de la cultura marxista…»

Dos notas de Manuel Sacristán sobre Gramsci

(Probablemente de finales de los años 60, mientras preparaba la Antología de escritos de Antonio Gramsci)

I. Observaciones sobre «Tre principi, tre ordini», 11-II-1917, L.C.F. [La Città Futura], S.G. pp.73-78 [A, pp.17-23]:

A. La tesis del principio moral de la revolución. Ideas-fuerza. Pese a todo el idealismo, el Estado otro por encima de la realidad económica «no existe». La argumentación idealista que sustituye al «eslabón más débil» es la tesis extremista del «tanto peor, tanto mejor». Así atribuye al efecto del «orden» el voto de los créditos de guerra, no a influencia de clase.

B. «(…) Esas construcciones [las utopías] no tenían base porque eran demasiado analíticas, porque se fundaban en una infinidad de hechos, en vez de basarse en un solo principio moral. Mas los hechos concretos dependen de tantas causas que acaban por no tener ninguna y por ser imprevisibles. No se concibe una voluntad que no sea concreta, esto es, que no tenga un objetivo. No se concibe una voluntad colectiva que no tenga un objetivo universal concreto. Pero ese objetivo no puede ser un hecho aislado ni una serie de hechos singulares. Sólo puede ser una idea, o un principio moral. El efecto orgánico de las utopías estriba íntegramente en eso. En creer que la previsión puede serlo de hechos cuando sólo puede serlo de principios o de máximas jurídicas. Las máximas jurídicas (el derecho, el jus, es la moral actuada) son creación de los hombres en cuanto voluntad. Si queréis dar a esa voluntad una dirección determinada, dadles como meta lo único que puede serlo; en otro caso, después de un primer entusiasmo, las veréis ajarse y disiparse.

Los órdenes actuales han sido suscitados por la voluntad de actuar totalmente un principio jurídico. Los revolucionarios del 89 no preveían el orden capitalista… Pero se realizó el principio, y de éste florecieron los actuales ordenamientos, el orden actual» (Antología, pp. 18-19).

1. Una formulación que no basa idealísticamente su activismo sino por pragmatismo metódico.

2-3. Su manera de interpretar.

4. En la práctica revolucionaria, eso es un hecho («de cada hora», etc.). Y es claro que la máxima jurídica puede ser de contenido económico.

5. Pero la formulación es exógena, si ha de darse su contexto de interpretación histórica, y no de teoría de la revolución en marcha (distinción que hará él mismo).

6. Gramsci se detiene siempre ante las grandes hipótesis «especulativas», pero inevitables: se realizó el capitalismo porque la única fuerza real, dice, era entonces la burguesía. Pero no se pregunta por qué la única fuerza real era entonces la burguesía.

Y es que, en efecto, esa pregunta es irrelevante para el tema de la revolución in fieri, o, mejor, actuada.»

II. «La revolución contra El Capital». De El orden y el tiempo, ob. cit., pp. 120-124: 

La intensa actividad política de Gramsci durante esas semanas – a partir de la primavera siguiente su nombre aparecerá con frecuencia en los informes de la policía- está sin duda animada por la convicción de que los hechos rusos confirmaban su inspiración revolucionaria contra el marxismo oficial, evolucionista o fatalista, de la derecha y la izquierda respectivamente. Por lo que hace al desarrollo del pensamiento socialista de Gramsci, eso quiere decir que la revolución rusa le confirma los fundamentos doctrinales idealistas. En el artículo más importante y célebre de este período Gramsci ha escrito la siguiente lapidaria afirmación. «La revolución de los bolcheviques está más hecha de ideología que de hechos (Por eso, en el fondo, importa poco saber más de lo que sabemos ahora.) Es la revolución contraEl Capital de Carlos Marx (…) Lo cierto es que lo esencial de su doctrina depende del idealismo filosófico y que en el desarrollo interior de esta doctrina se encuentra la corriente ideal en la cual confluye con adecuación histórica el movimiento proletario y socialista».

La última frase de este texto da la clave de su totalidad, pero permite también adivinar la nueva problemática que la doctrina de un socialismo revolucionario por idealista va a significar para Gramsci. Da la clave de toda esa doctrina porque muestra su motivación: constituir la fundamentación ideal de la voluntad revolucionaria, contrapuesta a la pasiva espera del cumplimiento, por algún mecánico deus ex machina, de las «previsiones» del materialismo histórico. Y permite ver el nuevo aspecto de la problemática doctrinal de Gramsci porque la voluntad que positivamente ha realizado la revolución «contra El Capital» no se ha movido en absoluto por consideraciones filosóficamente idealistas, sino por una comprensión de los hechos que ella misma atribuye al análisis marxiano (…) La prisa del hacer periodístico le obliga casi a simultanear, o alternar al menos, formulaciones en los dos sentidos, en el de la reafirmación idealista y voluntarista, y en el de la reconsideración de su lectura de Marx. Así, por ejemplo, entre los dos artículos recordados, precisamente siete días después de la segunda edición de «La revolución contraEl Capital», Gramsci publica una nota interpretativa de la Revolución de Octubre que le muestra sumido en una reflexión acerca del pensamiento de Marx bastante menos simple que su «renegarle» de la semana anterior: «La nueva generación parece querer un regreso a la genuina doctrina de Marx, para la cual el hombre y la realidad, el instrumento de trabajo y la voluntad no están separados, sino que se identifican en el acto histórico».

A eso siguen una versión mejorada de la idea del materialismo histórico como conjunto de «cánones» interpretativos y una conclusión digna de nota: los miembros de la «nueva generación» creen no que «la guerra ha destruido el materialismo histórico» al provocar una revolución contra El Capital, «sino que la guerra ha modificado las condiciones del ambiente histórico normal, por lo cual la voluntad social, colectiva de los hombres ha conseguido una importancia que no tenía normalmente» (Gramsci considera la «concentración» de los trabajadores de la ciudad y el campo «en las trincheras» que ha suplido la concentración «normal» en la gran industria). «Estas nuevas condiciones son, también ellas, hechos económicos, han dado a los sistemas de producción un carácter que no tenían antes», por ejemplo, con la estatificación transitoria de la industria bélica y pesada en general. «La educación del proletariado se ha adecuado a ello necesariamente y ha llevado en Rusia a la dictadura». Esa oscilación entre puntos de vista no aparece sólo en la alternancia de unos artículos que se suceden a escasa distancia de tiempo: ocurre incluso en un mismo artículo, y así documenta, con una claridad que sin duda el lector de hoy debe a la urgencia periodística de Gramsci, la situación de crisis del pensamiento socialista de éste. En el mismo artículo «La revolución contra El Capital» por ejemplo, a renglón seguido del cuadro de aquellos bolcheviques que renegaban de Carlos Marx, se lee: «Y, sin embargo, también en estos acontecimientos hay una fatalidad, y si los bolcheviques reniegan de algunas afirmaciones del Capital, no reniegan, en cambio, de su pensamiento inmanente, vivificador».

Nota de l’editor de l’Associació d’Estudis Gramscians de Catalunya. El lector podrà trobar el tercer lliurament d’aquesta compilació, clicant aquí: Prólogo al Cuaderno de la Cárcel de Antonio Gramsci nº 11, «Introducción al estudio de la filosofía»

Salvador López Arnal i José Sarrión (Comp.)

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