Autobiografía, cárcel y culturas subalternas: una lectura gramsciana del Diario de un Latin King

 Resum / Resumen
Aquest text és un estracte del llibre de Carles Feixa i Cèsar Andrade, El Rey. Diario de un Latin King, que recull la biografia d’un jove rei llatí. Un dels apartats està dedicat a interpretar el relat a partir de les concepcions de Gramsci sobre el valor de les autobiografies, els relats de presó i el folklore com a cultura subalterna. 
El texto es un extracto del libro de Carles Feixa y Cèsar Andrade, El Rey. Diario de un Latin King, que contiene la biografía de un joven rey latino. Uno de los apartados està dedicado a interpretar el relato a partir de las concepciones de Gramsci sobre el valor de las autobiografías, los relatos de cárcel y el folklore como cultura subalterna. 
Una mañana en Transformadors
Han pasado casi 15 años desde que prometí a César Gustavo Andrade Arteaga, aka King Manaba, que escribiría un libro sobre su vida, poco después de conocerle. Todavía no he cumplido mi promesa, pese a su insistencia cada vez que nos encontramos. Al volver la vista atrás, evoco las experiencias que hemos vivido juntos, que coinciden con el nacimiento, expansión, auge, caída y resurrección de la Todopoderosa Nación de Reyes y Reinas Latinos, popularmente conocidos como Latín Kings, en Barcelona y más allá, y me propongo recopilar las más de veinte conversaciones grabadas -y otras muchas sin grabar- que hemos mantenido a lo largo de estos años. Me marco como meta seleccionarlas, revisar las transcripciones y editarlas, aunque no sé si tendré paciencia y coraje para convertirlas en un libro, como le prometí entonces, ni tengo claro qué forma tomará este nuevo intento mío y de mi informante -y sin embargo amigo- de poner en práctica la imaginación autobiográfica, que siempre he propugnado. 
Han pasado casi 15 años desde que conversé por primera vez con King Manaba, pero lo recuerdo como si fuera ayer. Fue el primer domingo de junio de 2005. A media mañana recibí una llamada en mi casa de Vilafranca del Penedès, de la directora del Casal de Jóvenes de Transformadors, en Barcelona, con quien había coincidido unas semanas antes en un curso de postgrado sobre políticas de juventud que yo impartía. Su voz era temblorosa porque estaba en medio de una situación delicada: tenía el casal rodeado por más de un centenar de policías nacionales, que habían montado un dispositivo para fichar a los dos centenares de muchachos y muchachas de origen latinoamericano, la mayoría ecuatorianos pero también de otra docena de nacionalidades, incluyendo a adolescentes, niños y madres con bebés, vestidos con ropa ancha y predomino del color negro (con toques de amarillo), que aquella mañana debían celebrar una reunión en el casal. Sabíamos que eran Latin Kings, aunque ni ella ni yo conocíamos entonces qué se escondía detrás de esta etiqueta, de la que hacía un año y medio los periódicos hablaban a menudo, asociándola a una peligrosa banda juvenil, semejante a las terroríficas maras centroamericanas, y que había saltado a la fama a raíz de la trágica muerte de un joven colombiano, Ronny Tapias, a la salida de un instituto de Barcelona, a fines de 2003 (aunque curiosamente en este caso los Latin Kings no eran victimarios sino víctimas, aunque la prensa los trató como si fueran los malos de la película). 
 
Unas semanas antes de ese domingo yo había entregado a la directora del casal una carta dirigida a los Latin Kings, pidiéndoles una entrevista, con el aval de Luis Barrios, de David Brotherton y de Marcia Esparza, profesores de la City University of New York que llevaban años trabajando con ellos, y que acababan de publicar el libro más importante sobre dicha organización (Brotherton y Barrios, 2003). Era la primera vez que utilizaba un procedimiento tan formal para aproximarme a una subcultura juvenil, pero tras haber leído el citado libro y otros textos sobre tal grupo, y gracias a mis experiencias previas con bandas juveniles en Cataluña y México (Feixa, 1998), intuía que se trataba de un grupo mucho más complejo que una simple pandilla callejera. Hasta ese día la carta no había obtenido respuesta. De hecho, oficialmente nadie sabía que eran Latin Kings, pero cuando le pidieron a la directora poder reunirse en el casal en nombre de una asociación llamada STAE Nation, el Ayuntamiento lo comunicó a la guardia urbana, que hizo las oportunas averiguaciones, descubriendo que las siglas correspondían a la Sagrada Tribu Atahualpa Ecuador, grupo vinculado a los Latin Kings. Cuando lo supieron, la primera reacción fue expulsarles del local, aunque su comportamiento había sido sumamente correcto y habían abonado religiosamente la tarifa por usar las instalaciones. Por suerte, los Servicios de Prevención del Ayuntamiento me habían encargado a principios de año una investigación sobre los jóvenes de origen latinoamericano en Barcelona, motivada precisamente por la muerte de Ronny Tapias, cuyo objetivo principal era analizar qué había de mito y qué había de real tras la problemática de las denominadas «bandas latinas»; el director de dicho servicio, Josep Maria Lahosa, entendió con razón que era el momento de intentar ponernos en contacto con ellos, para incluirlos en nuestro estudio y de paso sondear la posibilidad de iniciar una mediación. También fue clave la intervención del Consejo de la Juventud de Barcelona, que gestionaba el local y cuya junta directiva manifestó que no podía expulsarse un grupo que de momento no habían hecho nada ilícito. 
El domingo en cuestión la directora del casal me dijo con voz temblorosa que el líder del grupo, sintiéndose acosado por el dispositivo policial, había pedido hablar conmigo. Enseguida le pasó el teléfono y escuche la voz de quien luego sabría que era King Manaba. Su voz parecía irritada pero firme. Me ofrecí para mediar en el conflicto, le expliqué sucintamente los objetivos de nuestro estudio y la posibilidad de contactar con las autoridades si ellos estaban de acuerdo, y quedamos al día siguiente en el casal para hablar con calma. Al cabo de un rato la directora me volvió a llamar para decirme que la llamada había surtido efecto, el líder se había quedado muy tranquilo tras hablar conmigo y la policía había desmontado el dispositivo tras fichar a todos los jóvenes (al cabo del tiempo esas fichas servirían para presumir en las ruedas de prensa que tenían controlados a los Latin Kings y que no les dejarían expandirse en España). 
Al día siguiente acudí puntual a la cita, junto con mi hijo Santiago, que entonces tenía ocho años y había nacido en Rionegro, Colombia (por cierto, ciudad natal del líder de la banda más famosa del mundo, aunque por otros motivos: Pablo Escobar; hace poco supe por un latin King de Chicago que me presentó Manaba, que el Narco por antonomasia utilizó a algunos pandilleros y a policías comprados para introducirse en Estados Unidos a través de Puerto Rico). Como eran vacaciones, tenía a mi hijo a mi cargo, pero lo llevé al encuentro para demostrar que no sentía temor y podían fiarse de mi. Además de Manaba, a la reunión acudieron otros dos jóvenes: uno ecuatoriano, King Plocky (que con el tiempo fue deportado a Guayaquil, desde donde a veces me escribe por Messenger); y otro catalán, King Baby White (que con el tiempo se haría famoso por liderar una facción de los Latin Kings opuesta a Manaba y que ahora cumple condena). Estuvimos hablando un buen rato. Manaba me confesó al cabo del tiempo que entonces no las tenían todas consigo: sospechaban que yo podía ser policía -o todavía peor: periodista-, pero se arriesgaron a confiar en mi: la manera de redactar la carta y la alusión a Luis Barrios -que ellos conocían no por sus libros sino por un documental de HBO sobre los Latin Kings de Nueva York: Black in Gold-, les hizo pensar que yo podía ser alguien de fiar. El encuentro confirmó mis intuiciones previas sobre el grupo: no se trataba de un grupo criminal, que nunca hubiera aceptado una mediación, sino de un grupo juvenil callejero, como los que yo venía investigando desde los años ochenta; pero al mismo tiempo era un tipo de grupo muy distinto a los que yo había conocido hasta entonces: de carácter transnacional y con un nivel de organización y elaboración simbólica mucho más sofisticado que las pandillas que hasta entonces había estudiado (incluidos las bandas quinquis de jóvenes gitanos y mis cuates mexicanos, los Mierdas Punks y los chavos banda; véase Feixa, 1998). En algún momento temí que los enemigos del proceso de legalización que se inició después pudieran utilizar esa reunión inicial en mi contra, como pasó antes en Nueva York y después en San Salvador, donde los mediadores acabaron siendo acusados, como sucedió con el citado padre Barrios y con el padre Toño, un cura español que se comprometió en la tregua entre el gobierno salvadoreño y las maras, a quien visité en su casa en Mexicanos, el suburbio de San Salvador donde asesinaron al cineasta Christian Poveda, director del documental La vida loca (Poveda, 2009). Pero como tenía la conciencia muy tranquila, nunca ofrecía nada que se saliera de la legalidad ni pudiera comprometerme ni comprometerlos, y contaba con el apoyo inicial de algunas instituciones, hice de la necesidad virtud y me tiré a la piscina. 
De banda latina a asociación juvenil
El año que siguió a ese encuentro fue frenético. Acabamos nuestra investigación y la presentamos en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona en noviembre de 2005, en unas jornadas en las que además de dos centenares de investigadores y profesionales acudieron un centenar de Latin Kings & Queens, y miembros de la supuesta banda rival: los Ñetas -el libro resultado del estudio apareció al año siguiente y tuvo gran impacto, aunque todavía no se centraba en el estudio de las bandas sino más bien el proceso de migración y acogida de los jóvenes latinos en Barcelona (Feixa et al., 2006). Luego impulsé un proyecto de investigación sobre las organizaciones juveniles de calle, al tiempo que se iniciaba el proceso de legalización de Latin Kings y Ñetas, con el apoyo de entidades como Fedelatina y el Instituto Catalán de Derechos Humanos, que culminó en agosto de 2006 con la constitución de la Organización Cultural de Reyes y Reinas Latinos de Cataluña, y que se presentó en sociedad en el mismo Casal de Transformadors, en una masiva rueda de prensa a la que acudieron un centenar de periodistas (incluyendo el Chicago TribuneLos Angeles Times, las televisiones españolas y la de Ecuador, que dio cuenta del evento en el noticiario en prime time); y de la Asociación Sociocultural, Musical y Deportiva Ñetas, al año siguiente. Los dos años que siguieron fueron intensos: conciertos, encuentros, el proyecto Unidos por el Flow en el casal de Roquetes en Nou Barris, un barrio poblado por emigrantes (VVAA, 2008), el proyecto de fotografía con el MACBA (Schoellkopf, 2008), el torneo de fútbol entre la veintena de capítulos Latin Kings de Barcelona y su área metropolitana (la Champion’s Kings), viajes a Madrid, Génova y Nueva York, infinidad de reuniones con hermanitos y hermanitas, educadores, políticos, policías, periodistas, religiosos, líderes vecinales, e incluso con el CNI (que me invitó a su sede central en Madrid para dar una charla a un centenar de agentes de inteligencia especializados en el tema). Incluso King Manaba y Queen Melody -su pareja entonces, presidenta de la asociación y persona clave en el proceso- fueron invitados a intervenir solemnemente en la comisión de juventud del Parlamento catalán. Como reconocieron varios mandos policiales, durante esos años la violencia no desapareció, pero las peleas se redujeron significativamente, y sobre todo se creo una red de mediadores -incluyendo a policías y líderes de grupos como King Manaba- que intentaban mediar en los conflictos. Pero también hubo momentos duros: tensiones con periodistas sensacionalistas, desencuentros con el Ayuntamiento y con otras instituciones, conflictos internos en el seno de los Latin Kings y también del equipo de investigación provocados por algunos impostores que se aprovecharon de mi y de los jóvenes, e incluso acusaciones en unas jornadas policiales en Rubí que todo se hacía para que un antropólogo se hiciera rico publicando un libro sobre el experimento (del que otros mandos policiales confirmaron su fracaso antes incluso de que empezara). 
 
En 2011, sin que la situación al interior de las pandillas hubiera cambiado, el nuevo consejero de interior del gobierno catalán, Ramon Espadaler,[2] proclamó públicamente -primero en Catalunya Radio y luego en sede parlamentaria- que se había acabado el “buenismo” y empezaba una etapa de “mano dura” (lo dijo a continuación de desmentir los casos de corrupción que entonces empezaban a acechar al partido en el gobierno). El equipo de los Mossos d’Esquadra que habían trabajado en el tema con gran profesionalidad y una perspectiva preventiva, vinculados a la unidad de inteligencia, fueron relevados por nuevos mandos, con una visión estrictamente policial del fenómeno, que pasó a depender de la unidad de grupos criminales (centrada entonces y ahora en terrorismo yihadista y narcotráfico). Como me confesó uno de los agentes que habían actuado como mediadores: “Cuando uno tiene un martillo, todo lo que ve son clavos”. De manera que todos los miembros de las pandillas pasaron a ser considerados presuntos delincuentes, incluyendo a menores que estaban todavía en proceso de formación, y para los que la organización cultural había sido una alternativa efectiva a la calle. Ello dio al traste con el proceso: empezó una fase de redadas, persecución y prisión, que coincidió con lo peor de la crisis, durante la cual muchos de mis antiguos informantes perdieron su empleo, regresaron a sus países de origen, o pasaron por la cárcel. Yo abandoné temporalmente el trabajo de campo, guardando los numerosos y ricos datos etnográficos recopilados para mejor ocasión, mientras otros que apenas habían estado en la periferia del proceso hacían carrera con datos mucho más superficiales, a veces obtenidos con engaños.[3] Por supuesto, no publiqué el libro que debía hacerme rico, lo que Manaba no cesó de recriminarme. 
Cuando empiezo a prepararme para saldar esta asignatura pendiente, César Andrade forma parte de nuestro equipo de investigación en la Universitat Pompeu Fabra. Ya no es el joven de 29 años que conocí en 2005. Se ha vuelto una persona madura, a punto de cumplir 44 años, que ha vivido muchas peripecias, pero sigue reclamándome el libro que le prometí que escribiría en nuestro primer encuentro. En 2017 obtuve un Advanced Grant del European Research Council -la institución que financia las investigaciones más punteras en todos los campos científicos- para investigar las bandas transnacionales como agentes de mediación.[4] Una de mis ideas desde el principio del proyecto fue empezar publicando la historia de vida de King Manaba, pues era un magnífico ejemplo de la idea de las bandas como mediadoras, sin idealizarlas ni estigmatizarlas, a caballo entre la resistencia y la resiliencia (además suponía cerrar un ciclo en mi carrera científica y personal). El proyecto TRANSGANG se inició en enero de 2018 y durante el primer año se ha centrado en la constitución del equipo, compuesto por más de treinta investigadores e investigadoras, que deben estudiar el fenómeno en doce ciudades del sur de Europa, norte de Africa y América, incluyendo a la “madre tierra” de los Latin Kings y también de los gang studies -Chicago- y otros lugares en vairos de los cuales este grupo está presente -Medellín, San Salvador, Santiago de Cuba, Milán, Madrid, Barcelona, Casablanca, Tunez, Argel. Por mi parte, me siento en condiciones intelectuales y emocionales de retomar los retos pendientes del estudio sobre la Todopoderosa Nación de Reyes y Reinas Latinos, que dejé pendiente hace casi 15 años. 
Historia y leyendas de los Latin Kings
Circulan varias leyendas sobre el origen de los Latin Kings. Todas coinciden en que surgió en Chicago, el mismo lugar donde se publicó el primer estudio serio sobre el tema: The Gang, de Frederick M. Thrasher (Thrasher, 1927/2020).[5]Pero discrepan sobre la época y las circunstancias: unas versiones mantienen que surgió en los años de 1940, como defensa de la segunda generación de emigrantes latinos frente al predominio de las bandas afroamericanas; otras versiones defienden que surgió en los años de 1960, en el marco de los movimientos de derechos civiles y defensa de las minorías (que también dieron origen a grupos como los Black Panthers y los Young Lords); la Wikipedia pone como fecha oficial de fundación 1954 y el KMC (King’s Manifesto Constitution), la constitución oficial del grupo, conocida como la Biblia Latin King, afirma que fue en 1962 -¡el año en que yo nací! Según nos contaron hace poco unos hermanitos de Chicago que Manaba trajo a nuestra universidad, parece que los Latin Kings primero surgieron como una banda callejera en el barrio latino de Chicago (en torno a Humboldt Park, lugar que visité hace unos años) y luego se constituyeron oficialmente en la cárcel, a donde fueron a caer algunos de los líderes, que redactaron el citado KMC.[6] En los años de 1970, los Latin Kings se expandieron entre la comunidad latina de otras ciudades de los Estados Unidos, principalmente de la costa oriental, donde la emigración portorriqueña y caribeña era predominante. En los años de 1980 y 1990 la tribu de Nueva York vivió un proceso de politización y compromiso con la comunidad, gracias a nuevos liderazgos y al apoyo de intelectuales y religiosos, derivando en una fragmentación entre seguidores de la doctrina de Chicago (más tradicionalista y hermética) y la de Nueva York (más reformista y abierta al contacto con agentes externos). Como parte de este proceso, se introdujo la cultura hip-hop, confluyendo en el concepto de nación (inspirándose en la nación Zulúfundada en 1973 por Kevin Donovan, aka Africa Bambaataa, pionero del rap), en torno a una nación mestiza -la nación café en el seno de la nación wasp. También se incorporó una rama femenina (las Queens, lideradas por Queen Zulma). El resultado fue la creación oficial de Almighty Latin Kings and Queens Nation (ALKQN), la Todopoderosa Nación[7] de Reyes y Reinas Latinos. El proceso acabó abruptamente en 1996, cuando Rudolph Giuliani, entonces alcalde de Nueva York y hoy abogado de Donald Trump e implicado en su impeachement, tras dedicarse a asesorar a los gobiernos centroamericanos en su política anti-maras, impulsó la Operación Corona, que llevó a la cárcel a los líderes más combativos de ALKQN.[8]
Pocos años antes, en 1994, un miembro ecuatoriano de la tribu de Nueva York, King Boy Gean, fue deportado a su país natal, donde refundó la Nación, bajo el nombre de Sagrada Tribu Atahualpa Ecuador (STAE), creciendo rápidamente en los barrios populares de Guayaquil y Quito, y empezando el proceso de transnacionalización de los Latin Kings. En el año 2000 otro Latin King ecuatoriano, King Wolverine, emigró a España y plantó bandera en la nueva nación, fundando la Sagrada Tribu América Spain (STAS), independiente de la anterior. En 2004, tras pasar por el programa televisivo de Ana Rosa Quintana, fue detenido y condenado por violación. Durante esos mismos años, que coincidieron con una profunda crisis económica y política en Ecuador y el boom económico de España, otros Latin Kings ecuatorianos emigraron a Madrid y luego a Barcelona y Murcia, y refundaron la otra rama de los Latin Kings (STAE). En 2006 la rama catalana se constituyó en Organización Cultural de Reyes y Reinas Latinos de Cataluña, con el apoyo del Ayuntamiento de Barcelona, del gobierno catalán y de la policía autonómica (los Mossos d’Esquadra), proceso que tuvo réplicas en otras zonas como Alicante, Mallorca y Navarra, aunque fracasó en Madrid por la oposición de la presidenta de la comunidad, Esperanza Aguirre (hoy imputada por corrupción), que cesó por este motivo a Pedro Morgadas, Defensor del Menor nombrado por el PP, que había apostado por el diálogo. En 2007 se celebró un juicio por asociación ilícita contra la facción madrileña de los Latin Kings (STAS), en el que participé como perito, aunque no se me hizo demasiado caso. La Guardia Civil había impulsado la Operación Pañuelo contra tal grupo, en base a escuchas telefónicas y declaraciones de exmiembros (algunos vinculados a familiares de agentes de la Benemérita). Como detrás del juicio no había delitos graves y la argumentación probatoria era muy endeble, el tribunal supremo anuló la setencia y obligó a repetir el juicio. En 2012 la condena fue definitiva, aunque los argumentos y las pruebas era casi idénticos, pero los imputados optaron por no impugnar, pues llevaban años esperando y la mayoría tenían abogados de oficio. El clima social había cambiado y el discurso punitivo se había vuelto dominante: en 2010 se reformó el código penal, añadiendose nuevos tipos penales (grupo criminal, organización criminal) y simplificándose los criterios probatorios. La Fiscalía General del Estado, en la etapa del Gobierno del PP, transmitió la idea que debía perseguirse a las bandas (identificadas de facto con las bandas latinas, pese al carácter discriminatorio de tal equiparación), lo que supuso que la mayoría de grupos fueron objeto de redadas y procesos penales (mientras que otras bandas, como los grupos de extrema derecha o de otros orígenes étnicos, fueron tratadas de manera muy distinta). En 2011 los Mossos d’Esquadra remplazaron a sus principales dirigentes, apostando por la vía criminal, lo que coincidió con el impacto de la crisis entre la emigración latinoamericana, algunos de cuyos miembros optaron por el regreso a su país, se quedaron sin trabajo o iniciaron una carrera criminal.[9]
En 2008, el gobierno ecuatoriano de Correa, siguiendo la vía abierta por Barcelona, legalizó a los Latin Kings como Corporación de Reyes y Reinas Latinos de Ecuador, iniciando un proceso de mediación, que redujó significativamente la criminalidad (Brotherton y Gude, 2018). A día de hoy, los Latin Kings están presentes en la mayor parte de países latinoamericanos y en muchos europeos e incluso asiáticos. A nivel internacional no hay un liderazgo único, debido a las persistentes rivalidades entre Chicago y Nueva York. En Ecuador siguen siendo legales (incluso tienen a un diputado en el Parlamento del partido correísta: Ronny Aleaga); en Cataluña (todavía) no han sido declarado ilegales, aunque están poco activos; en Madrid STAS es una asociación ilícita, pero hay otros grupos que aunque no sean legales actúan abiertamente con el apoyo de entidades como Suyae y Rumiñahui, que integra la emigración ecuatoriana en España. En todos esto lugares la Nación vive un proceso de reflexión sobre la vía criminal, la vía legal y la vía transnacional, reflexión a la que este libro aspira a contribuir.[10]
Cuando uno busca en Google “Latin Kings” encuentra miles de entradas. La inmensa mayoría son noticias de prensa basadas casi siempre en fuentes policiales (principalmente del FBI), que ponen de relieve su vinculación con el crimen organizado. Los estudios académicos sobre dicho grupo son inversamente proporcionales a su fama. En los Estados Unidos, debemos citar el clásico estudio de Conquergood (1994) sobre la tribu de Chicago, centrado en sus formas de comunicación verbal y no verbal, y sobre todo la completa etnografía de Brotherton y Barrios sobre la tribu de Nueva York (2003). En España, el único libro sobre los Latin Kings fue publicado por dos periodistas sensacionalistas, en base a lo requisado por la policía a King Wolverine (Botello y Moya, 2005). Otros libros sobre las bandas latinas fueron impulsados por entidades policiales o de seguridad, y no ofrecen nunca la visión de los propios miembros (Aparicio y Tornos, 2009; Asociación de Jefes y Mandos de la Policía Local-Comunidad Valenciana, 2010). Cabe citar también el libro resultado de nuestro estudio sobre los jóvenes latinos en Barcelona (Feixa et al., 2006) y el ensayo de Luca Queirolo (2017) vinculado a otro proyecto europeo que yo dirigí, comparando la situación de las bandas latinas en Barcelona y Madrid. Existe también un relato autobiográfico de un ex Latin King de Chicago, amparado por el programa de protección de testigos, con un significativo subtítulo (Mi vida sangrienta), que se tradujo al castellano hace algunos años (Sánchez, 2000/2007), aunque al parecer es un texto apócrifo elaborado por la policía a partir de varios testimonios, sin que quede claro qué hay de verídico y qué hay de ficción o de exageración en tal relato, pues concuerda con el retrato en blanco y negro de la policía. Así pues, el presente libro aspira a cubrir un vacío sobre los Latin Kings & Queens en España y más allá, partiendo de sus historias de vida. Está escrito para que pueda ser leído por académicos y profesionales, pero también por lectores interesados en la cultura juvenil y en los procesos migratorios, y sobre todo por reyes, reinas y miembros de otras agrupaciones juveniles de la calle (término que preferimos al de banda).[11]
La tres vidas de King Manaba
César Andrade nació dos veces. La primera fue en Manabí, en el interior de Ecuador, en 1976, en el seno de una familia trabajadora; la segunda fue en Santo Domingo, Ecuador, a los 19 años, en 1995, cuando fue coronado como Rey Latino, añadiendo a su nombre el de King Manaba. Al cabo de unos años de compromiso con la rama ecuatoriana de la Nación, conocida como STAE, la guerra con otras bandas -especialmente con los Ñetas- motivó que decidiera emigrar, llegando en 2003 a Madrid, donde dos años antes se había fundado la primera rama europea de los Latin Kings, conocida como STAS. A fines de 2004 llegó a Barcelona con el propósito de expander la Nación, y en junio del año siguiente nos conocimos e iniciamos la colaboración, que acabó con la constitución de la Organización Cultural de Reyes y Reinas Latinos de Cataluña, en agosto de 2006. Tras tres años intensos en los que se involucró en un sinfín de proyectos culturales, en 2009 cayó preso y fue condenado a 5 años por delito contra la salud pública, tras cumplir los cuales volvió a salir libre y se reinsertó en la vida civil y en múltiples trabajos en la economía sumergida (durante su estancia carcelaria no pudo renovar sus papeles y en la actualidad está finalizando su segundo proceso de regularización). En 2015 volvió a ser detenido en una macrorredada que perseguía explícitamante desarticular al sector legal de los Latin Kings. Aunque no había detrás delitos graves, el objetivo nada disimulado por parte de los nuevos dirigentes de los Mossos d’Esquadra y de la Fiscalía era sentar un precedente, condenándolos como organización criminal, una figura que con el código penal reformado en 2010 se había simplificado, para lo que necesitaban probar que Manaba era el líder, aunque no había pruebas materiales de que estuviera involucrado en delitos y su imputación se basara en declaraciones contradictorias de exmiembros (algunos presuntamente amenazados con ser deportados si no colaboraban con la policía).[12] El juicio se llevó a cabo en diciembre de 2018 y yo actué de nuevo como perito (igual que hice en el juicio contra STAS en 2007 y 2009, aunque esta vez un juez muy profesional escuchó con atención mi intervención). Cuando escribo este prólogo se está a la espera de sentencia. 
Además de su biografía oficial, Manaba tiene un currículum oculto que es su valor añadido: gran conversador de fina ironía, es una persona afectuosa y cortés, que acude cada mañana a su despacho en la universidad a realizar sus tareas, que almuerza con el equipo con su tapper y su salsa tabasco en el comedor para el personal universitario, y que nunca nos falta al respeto (como tampoco se lo faltamos nosotros a él). Ahora se encuentra soltero, aunque su fama de latin loverperdura. Está a la espera de que su hijo Aaron, que ya tiene 18 años, pueda reunirse con él y con su exmujer, Queen Melody, con quien mantiene una relación cordial. Su mayor defecto, además de su pasado belicoso, es ser fan del Real Madrid, y no desaprovecha ocasión de echarnos en cara las derrotas del Barça (club al que apoyan la mayoría de Latin Kings ecuatorianos, pues el Barcelona Sporting Club de Guayaquil, fundado por un catalán, lleva los mismos colores de la Nación: amarillo y negro, los colores de la nación café). 
La imaginación autobiográfica
Este libro recopila un total de 12 conversaciones que tuve con King Manaba a lo largo de estos 15 años: la primera, todavía con mucha desconfianza, es un focus group con el protagonista y otros dos reyes latinos, que tuvo lugar en septiembre de 2005, en la sede de la Sindicatura de Greuges (el Defensor del Menor) de Cataluña; luego vienen cuatro entrevistas en profundidad (tres individuales y una con su pareja de entonces, Queen Melody) en 2006, en pleno proceso de legalización y de investigación-acción; otras dos entrevistas de seguimiento en 2008; dos entrevistas al salir de la cárcel en 2012; y tres entrevistas entre 2016 y 2019 (algunas en el marco de una clase con estudiantes de primer curso de universidad que escucharon absortos el relato o en un seminario interno del grupo de investigación, ya en el marco del proyecto TRANGANG). También se han tenido en cuenta otra docena de entrevistas grabadas, y otras muchas conversaciones informales, que tuvieron lugar a lo largo de estos años. 
 
La mayoría de conversaciones fueron transcritas por personas de mi equipo y revisadas por mí. En los últimos meses me he dedicado a releerlas, editarlas y convertirlas en un texto publicable, poniendo en práctica las propuestas metodológicas de mi ultimo libro, La imaginación autobiográfica (Feixa, 2018). Lo he hecho en colaboración con el protagonista, César Andrade, quien ha revisado varias veces todo el material y añadido una selección de fotografías, textos escritos en la cárcel, testimonios de personas que hablan de cómo le han visto y de cómo le ven, el Glosario, así como un Epílogo final en el que hace balance de su trayectoria como persona y como rey. En coherencia con mis propuestas metodológicas, inspiradas en la “imaginación dialógica” propuesta por Mijail Bakhtin (1981), el libro no es un monólogo del entrevistado ni una reelaboración literaria del entrevistador, sino el fruto de un diálogo entre ambos, por lo que la autoría y los posibles beneficios o perjuicios que deriven de ella son también compartidos. En algunas conversaciones aparecen otros interlocutores: King Toro y King Plocky, los dos reyes del primer focus group, amigos del protagonista; la citada Queen Melody, expareja de Manaba y madre de su hijo; el padre Joan Cabot, que durante un tiempo les acogió en su parroquia; investigadores de los proyectos I+D+i, nacionales y europeos, dirigidos por mí, que han colaborado en distintos momentos en mis estudios; y estudiantes de la Universidad de Lleida y de la Universidad Pompeu Fabra, que hicieron preguntas tópicas o ingeniosas, en conversaciones realizadas en el aula, como parte de su propio proceso de aprendizaje. 
El libro está dividido en tres partes, cada una de las cuales corresponde a un color y a un estado por los que pasa un Latin King, según se define en el KMC, base ideológica del kingism (la religión de los reyes y reinas). Dichas partes contienen los doce capítulos (denominados Conversaciones), que siguen el orden cronológico de las entrevistas (aunque hay algún pasaje biográfico que se repite, con variaciones significativas, en más de una conversación). Cada parte está separada de la siguiente por pliegos con fotografías, cartas y recortes de prensa. La Parte I es la del Color Dorado, alusión a la realeza; corresponde al estado de Rey Primitivo, la primera fase en la que el rey latino busca la luz del conocimiento; contiene siete conversaciones que tuvieron lugar en la etapa inicial de la investigación, entre 2005 y 2008, centradas en su itinerario biográfico y en el proceso de legalización. El Pliego 1 es un recorrido fotográfico por la vida de King Manaba. La Parte II es la del Color Negro, alusión al dolor y sacrificio de los reyes; corresponde al estado de Rey Conservador, la fase de maduración y regresión; contiene dos entrevistas profundas y emotivas sobre su experiencia carcelaria. El Pliego 2 incluye dos de las diez cartas intercambiadas con King Manaba durante la estancia del segundo en prisión. La parte III es la del Color Café, el marrón fruto de la unión de dorado y negro, alusión al mestizaje de la Raza Latina; corresponde al Estado del Nuevo Rey o Rey Renacido, el que es capaz de sobreponerse a la muerte en vida; contiene tres entrevistas realizadas en los últimos años, desde la última detención a su resurrección cual Ave Fénix, y se centran en el presente y el futuro personal y de la Nación. El Pliego 3 incluye algunas noticias de prensa -positivas o negativas- protagonizadas por King Manaba, y pone de manifiesto que los medios de comunicación ha sido también personajes centrales en esta historia. El Epílogo incorpora la visión de César Andrade sobre King Manaba; se basa en una última conversación en clase, enteramente reescrita por el protagonista. 
Al inicio de cada conversación se explicita la fecha y el lugar en la que ésta tuvo lugar, los interlocutores que participaron, y el contexto en el que se desarrolló. Se ha intentado conservar el tono oral y la lógica interna de las conversaciones, aunque se ha optado por elaborarlas en forma narrativa. Ello significa que, con la excepción de la Conversación 1 (grupo focal) y 3 (entrevista de pareja), en el resto se han suprimido la mayoría de las preguntas, excepto aquellas que condicionen la respuesta, que introduzcan giros en la conversación, que incluyan opiniones o informaciones relevantes, que sean diálogos a varias voces, o que incorporen preguntas de estudiantes. También se ha editado el relato del protagonista, sin añadir nada nuevo (excepto palabras o frases entre corchetes para hacer comprensible el texto o para describir las emociones o el lenguaje no verbal), sin perder la espontaneidad ni la riqueza del lenguaje oral, pero limitando las repeticiones o frases entrecortadas al mínimo, para no entorpecer la lectura, buscando la “legibilidad” (aunque en alguna ocasión se ha mantenido su principal y más significativa coletilla: “¿entiendes?”). Cada conversación se estructura en apartados temáticos o biográficos, encabezados con subtítulos que corresponden a expresiones del protagonista. Las frases en negrita sirven para remarcar sentencias clave o conceptos centrales en la narración. Las palabras subrayadas remiten al Glosario final: corresponden a siglas, conceptos generales sobre grupos juveniles o sobre la doctrina y la estructura de los Latin Kings, nombres de bandas concretas y términos de argot o procedentes de idiomas distintos al castellano. Aunque la mayoría de las conversaciones se centran en un momento preciso de su biografía (normalmente el inmediatamente anterior a la entrevista), hay pasajes que se repiten en varias de ellas (como los recuerdos de la infancia y juventud en Ecuador, la emigración hacia España o los inicios del proceso de legalización en Barcelona). En este caso, hemos optado por mantener íntegra la primera vez que se narra el tema, conservando las versiones posteriores, pero sintetizando aquellos pasajes que ya habían aparecido la primera vez (lo que por otra parte muestra que la historia oral no es una ciencia exacta, sino que se construye a partir de variaciones sobre un mismo recuerdo, que a veces dialogan entre ellas). Incrustados a lo largo de las conversaciones, se incluyen breves testimonios de compañeros de viaje del protagonista -sus dos hermanas, reyes y reinas de Estados Unidos, Ecuador, España y Europa, colaboradores adultos en el proceso de legalización- que ofrecen su propia visión sobre King Manaba, lo que produce un sugerente retrato polifónico y heteroglósico (en términos de Bakhtin, 1981), en el que César Andrade o King Manaba hablan a través de otras voces. 
En todo el proceso de investigación se han seguido los protocolos éticos generales de la investigación etnográfica y los específicos del proyecto TRANSGANG, con una única salvedad: la anonimización no es total sino parcial. Los nombres de César Andrade y Erika Jaramillo son los reales por razones obvias y por propia decisión, lo mismo que los de los citados profesionales adultos o de personas públicas. Los nombres de reyes y reinas aparecen con su aka, la forma en que son conocidos dentro de la Nación. Los nombres de lugar también son los reales, excepto en aquellos casos en las que se explican situaciones comprometidas, en los que optamos por nombres genéricos. A veces no es fácil encontrar el equilibrio entre describir los hechos de manera realista sin caer en el sensacionalismo. Intentamos siempre respetar a todas las personas que aparecen en el relato (jóvenes, policías, funcionarios, etc), aunque no tenemos por qué compartir sus acciones y opiniones. En los capítulos centrales se alude a conflictos dentro y fuera de la Nación, a varias escalas: conflictos por el liderazgo entre King Tone y King Mission en Estados Unidos; entre King Majesty y otros reyes en Ecuador; entre King Wolverine y King Manaba en Madrid; entre King Manaba y King Baby White en Barcelona; conflictos y alianzas cruzadas entre las tribus norteamericana, ecuatoriana y europea (empezando por la ruptura tras la legalización, en 2006, entre el grupo de Barcelona encabezado por King Manaba y el de Ecuador encabezado por King Majesty); también conflictos entre los investigadores que acompañamos el proceso en Nueva York, Barcelona, Madrid, Génova y Quito. He conocido y entrevistado a la mayoría de estos líderes (excepto a King Wolverine, con quien coincidí en el juicio por asociación ilícita en Madrid, que aceptó que lo visitara en la cárcel donde cumplía condena, aunque los servicios penitenciarios no lo autorizaron a tiempo). Lo mismo sucede con las tensiones provocadas por el proceso de legalización, la valoración del cual King Manaba va modulando a lo largo de las entrevistas, siendo mas entusiasta al principio (cuando todos los sectores parecían apoyarlo), más crítica después (cuando una facción de los Latin Kings se retiró del proceso y el Ayuntamiento y los Mossos d’Esquadra fueron disminuyendo su apoyo), y más matizadas ahora (cuando los éxitos y los fallos del proceso pueden evaluarse en perspectiva). Hemos optado por no explicar los detalles de estos conflictos, que no aparecen directamente en el relato, aunque el lector inteligente puede deducirlos. Alguien dijo que a las personas involucradas en el proceso nos cayó la “maldición Latin King” (la de haber abierto la caja de Pandora, al proyectar luz sobre la oscuridad de la Nación y de la nación, cual Tutankamón momificado). Pero en el fondo no dejan de ser luchas de poder y contrapoder parecidas a los procesos de “oposición segmentaria” (de fusión y fisión entre mitades que rivalizan a nivel local y se alian a nivel transnacional), que Marshall Sahlins (1972) definió como característica central de las sociedades tribales primitivas (y que por lo visto aparecen también en las sociedades tribales modernas).[13]
Claves de interpretación
¿Cuáles son las claves de lectura para interpretar la historia de vida de King Manaba? Quisiera destacar tres claves posibles: la historia de vida como síntesis vertical de la historia social y como síntesis horizontal de la estructura social; la historia de vida como cronotopo; la historia de vida como relato subalterno (véase Feixa, 2018). En primer lugar, el objetivo final del libro es aplicar la propuesta de Franco Ferrarotti de “leer una sociedad a través de una biografía” (1981, p, 43). Según este autor, “cada vida humana se revela, incluso en sus aspectos menos generalizables, como la síntesis vertical de una historia social. Cada comportamiento o acto individual aparece en sus formas más singulares como síntesis horizontal de una estructura social […] nuestro sistema social está del todo entero en cada uno de nuestros actos, en cada uno de nuestros sueños, delirios, obras, comportamientos, y la historia de este sistema se encuentra entera en la historia de nuestra vida individual” (Ferrarotti, 1981, p. 41, trad. mía). En el caso del relato de King Manaba, se trata de leer la sociedad contemporánea (barcelonesa, catalana, española, ecuatoriana, transnacional), a través de la biografía de un joven pandillero, iniciado como Rey Primitivo en un pueblo costeño de Ecuador, emigrado a Madrid y Barcelona, donde alcanzó la categoría de Inka, y que tras pasar por la cárcel en su etapa como Rey Conservador, renació luego como Nuevo Rey (volviéndose algo republicano en los últimos años, por culpa de la convivencia con otra “banda”, la de los investigadores e investigadoras del proyecto TRANSGANG). Por una parte, la historia de King Manaba puede leerse como la síntesis vertical de una historia social: la del éxodo latinoamericano a Europa (crisis en Ecuador, dolarización, emigración a España, llegada en época de vacas gordas, crisis en España, retorno voluntario versus permanencia, clandestinidad versus regularización, etc). Por otra parte, también puede leerse como la síntesis horizontal de una estructura social: la que origina, mantiene y persigue a las bandas como agrupaciones juveniles de calle (orígen en el ghetto norteamericano, refundación en America Latina como efecto de la política de deportaciones, transnacionalización hacia Europa, segregación social de la inmigración, políticas de “tolerancia cero” versus políticas “inclusivas”, influencia de las representaciones mediáticas, discursos xenófobos, expansión del estado penal neoliberal, etc). Pero lejos de ser una marioneta atrapada entre ambas coordenadas (la horizontal y la vertical), King Manaba se muestra como un actor consciente y reflexivo, capaz de enfrentarse a su destino y tomar las riendas de su vida. 
En segundo lugar, aunque la narración autobiográfica puede leerse como una “obra abierta” sujeta a distintas lecturas, por lo que el lector se convierte en (co)autor y la interpretación es polisémica y polifónica (Eco, 1962/1984), nuestra clave de lectura principal se inspira en la “imaginación dialógica” propuesta por Mijail Bakhtin (1981), más concretamente en el concepto de cronotopo, que en otro lugar hemos intentado aplicar al estudio de las culturas juveniles (Feixa, Leccardi y Nilan, 2016). En The Dialogic Imagination, Bakhtin mostró que la comprensión del espacio y el tiempo de una novela (pero lo mismo puede aplicarse a la autobiografía) dependen de la capacidad heteroglósica (es decir, de la capacidad de hacerse eco de otras voces, para interpretarla no sólo en función del texto sino también del contexto). Esta capacidad surge de un doble diálogo: el “dialogismo interno” fruto de la interacción del sujeto con su propia memoria; el “dialogismo externo” fruto de la interacción con el entorno social representado por el auditorio (o por el investigador que pregunta, transcribe e interpreta lo hablado): “La declaración vivida, habiendo tomado sentido y forma en un momento histórico particular en un medio social específico, no puede evitar deshacer centenares de vívidos hilos dialógicos, tejidos por conciencias socio-ideológicas en torno al objeto mismo de la declaración; no pueden evitar participar activamente en el diálogo social” (1994, p. 276). 
Desde esta perspectiva, los espacios y los tiempos de la vida de King Manaba pueden sintetizarse en siete cronotopos centrales: la Nación, la nación, la frontera, la esquina, lo dorado, lo negro y la fuerza café. En primer lugar, la Nación (en mayúscula), es el espacio-tiempo de la Todopoderosa Nación de Reyes y Reinas Latinos, con sus mitos de origen, sus ritos de paso, sus tres estados (Rey Primitivo, Rey Conservador, Nuevo Rey), sus cuatro fases (ObservaciónFive aliveProbatoria y Coronación), sus cinco puntos (Amor, Honor, Obediencia, Sacrificio, Rectitud), su organización formal en capítulossectores y tribus, su organización informal en facciones, clanes y generaciones, su calendario anual de reuniones locales y universales, y su culminación en el 360 (el círculo hermenéutico y social de la comunidad imaginada, que algunos interpretan como el círculo del dolor donde los neófitos deben soportar los golpes de los iniciados). En segundo lugar, la nación (en minúscula) es el espacio-tiempo transnacional que conecta la identidad de origen (Ecuador) y la identidad de destino, a su vez binacional (España-Cataluña), lo que se expresa en el concepto de “Nación de naciones”, una constante en el relato. En tercer lugar, la frontera remite a las barreras físicas, legales y simbólicas que separan continentes, países, barrios y bandas rivales, así como a las instancias (políticas, policiales, mediáticas) que levantan muros y justifican la exclusión. En cuarto lugar, la esquina remite a las conexiones y alianzas que permiten cruzar o mitigar estas fronteras, así como los lugares-refugio (parques, casas de juventud, parroquias, discotecas, etc) donde tejer lazos fraternales y de amistad. En quinto lugar, lo dorado remite tanto a la primera fase de la vida del protagonista (la de Rey Primitivo) como a los momentos luminosos y creativos vividos dentro y fuera de la Nación. En sexto lugar, lo negroremite tanto a la segunda fase de la vida del protagonista (la de Rey Conservador) como a los momentos oscuros y depresivos en la cárcel o en espacios de reclusión y fracaso. Por último, en séptimo lugar, la fuerza café remite tanto a la tercera fase de la biografía del protagonista (la del Nuevo Rey), como a las experiencias de hibridación cultural y mediación en las que ha participado, desde su compromiso con el proceso de constitución de asociación a su interacción con los investigadores del proyecto TRANSGANG, pasando por su tarea como “pacificador” entre facciones distintas del grupo y entre grupos rivales. La fuerza café es la poción mágica que le permite renacer como rey republicano, según la clásica metáfora del ave Fénix que resurge de sus cenizas.[14]
Una lectura gramsciana de la autobiografía de King Manaba
En tercer lugar, la historia de vida de King Manaba representa dar voz a las culturas subalternas, como observó Antonio Gramsci en sus Quaderni del carcere (1975). En uno de los cuadernos escritos durante su encarcelamiento por Mussolini, entre 1932 y 1935, el político y pensador italiano reflexiona así sobre el valor de las autobiografías: 
Es cierto que la autobiografía tiene un gran valor histórico, ya que muestra la vida en acto y no sólo como tendría que ser según las leyes escritas o los principios morales dominantes (…) Sin embargo la historia, en líneas generales, se hace sobre la ley escrita: cuando nacen después nuevos hechos que invierten la situación, surgen preguntas vanas, o falta documentar cómo se ha preparado ‘molecularmente’ la mutación antes de explotar. (Gramsci, 1975, pp. 1718-24). 
La cárcel es uno de los territorios autobiográficos por antonomasia, pues desde ese espacio de reclusión la reflexión sobre el propio pasado e identidad surgen espontáneamente y se comunican hacia el exterior mediante diferentes formas de escritura (carta, memoria, grafiti, tatuaje). Gramsci fue uno de los primeros autores marxistas que revindicaron el género biográfico como un instrumento fundamental en la investigación social, compensando las dificultades de la cultura subalterna para hacerse oir y convertirse en hegemónica. Sólo a través de las biografías se puede ver el “mecanismo” en acto, encarnado en individuos reales: la autobiografía se puede concebir “políticamente”, porque aunque sea similar a muchas otras vidas, siempre contiene salidas originales. Historia y vida son polos complementarios en la construcción de un tipo de materialismo humanístico que permite entender no sólo cómo funcionan las estructuras, sino también cómo reaccionan las personas concretas a los cambios históricos, o en palabras del autor, cómo estos cambios se preparan de forma invisible – “molecularmente”- antes de estallar. El mismo Gramsci, en las cartas que escribió desde la cárcel a su mujer y a sus hijos, muestra la fecundidad de la escritura biográfica y el carácter dialógico de toda reflexión vital comporta. En otro cuarderno de cárcel, el autor se refiere al folklore en estos términos:
Podría decirse que hasta hoy el folklore se ha estudiado principalmente como un elemento ‘pintoresco’ […] Debería estudiarse, en cambio, como ‘concepción de la vida y el mundo’, implícita en gran medida, de determinados estratos (determinados en el tiempo y en el espacio) de la sociedad, en contraposición (también en general implícita, mecánica, objetiva) con las concepciones del mundo ‘oficiales’ (o, en sentido más amplio, de las partes cultas de las sociedades históricamente determinadas) que se han ido sucediendo en el desarrollo histórico […] El folclore solo puede entenderse como un reflejo de las condiciones de la vida cultural de pueblo, si bien algunas concepciones propias del folclore pueden prolongarse después de que las condiciones sean (o parezcan) modificadas o den lugar a combinaciones extrañas. (Gramsci, 1975, vol. III, pp. 2.311-2.317, trad. mía; véase De Martino y Feixa, 2008).[15]
Desde esta perspectiva, la subcultura Latin King, y toda la cosmovisión contenida en el KMC y en el kingism, encaja con los rasgos de la cultura popular de las clases subalternas (generando una “combinación extraña” que podría denominarse ganglore o kinglore). Por una parte, es el reflejo de una estructura social basada en un acceso desigual a los recursos y al poder, reproduce valores tradicionales, alude al pasado como algo sagrado e inmutable (como supervivencia), reproduce el etnocentrismo y a veces el sexismo. Por otra parte, posee también una gran fuerza progresiva, como experiencia de comunidad y resistencia, como canal para expresar la voz de los oprimidos. Esta ambivalencia de la cultura subalterna fue analizada por Ernesto de Martino en sus obras sobre el folklore progresivo (que tuve ocasión de traducir gracias a la exposición fotográfica sobre los Latin Kings organizada por el MACBA, en la que también aparecían imágenes del fotógrafo que trabajaba con De Martino en sus itinerarios por el sur de Italia). Como me recordaron recientemente algunos miembros del grupo de estudios gramscianos de Cataluña, los Latin Kings pueden considerarse una variante de aquellos “subalternos contemporáneos” que Gramsci y luego De Martino y Pasolini identificaron en la Italia de antes y después de la II guerra mundial como semilla del cambio social. Lo que implica no renunciar a un análisis de clase ni a una lectura política de las autobiografías, combinando resistencia y resiliencia (véase Feixa et al., 2018). 
 
Conclusión
Entre la banda criminal y la banda musical, este libro aspira a narrar en primera persona la vida de El Rey: Diario de un Latin King. Se concibe como la primera parte de una trilogía, cuya segunda parte (¿Cómo se legaliza una banda?) prevee analizar el proceso de “constitución de asociación” en Cataluña; y cuya tercera parte (La Nación de Oro) se concibe como una etnografía transnacional de los Latin Kings & Queens. Esta primera parte de la trilogía está inspirada en la vida de King Manaba, aunque cualquier parecido con la realidad pudiera ser pura coincidencia. El leit motif es la memoria personal del protagonista, siempre selectiva: el ejercicio de introspección, narrado por un pandillero que a veces recuerda a Tony Soprano, aunque no haya cometido sus fechorías, que conversa con un antropólogo que a veces ejerce de Doctora Melfi sin ser psicoterapeuta. De la mafia italoamericana a las bandas latinas -pasando por The Wire y Peaky Blinders– la realidad imita a veces la ficción: la vida de King Manaba parece una vida de película (a veces en forma de biopic hagiográfico y otras en forma de flashback antibiográfico, a veces en forma de comedia y otras en forma de tragedia). Si algún o alguna cineasta se animan a convertirla en una teleserie -telenovela rosa, serie policíaca, historia épica o comedia de situación-, puede contar con nosotros. Así quizá se cumplirá al fin, 15 años después, la profecía del policía anónimo, que en 2006 dijo que la legalización de los Latin Kings se hacía para enriquecerme publicando un libro. 
Postdatas
Postdata 1. El día en que empiezo a revisar este prólogo, 22 de julio de 2019, al llegar a casa sigo por televisión el resumen de la sesión de investidura como presidente del gobierno español de Pedro Sánchez y me sorprende escuchar varias referencias al término “banda”. El líder del partido Ciudadanos, Albert Rivera -con quien coincidimos Queen Melody y yo en un encuentro sobre políticas de juventud en Brasilia, cuando empezaba su carrera política, en 2009-, acusa al candidato socialista y a sus posibles aliados podemitas y nacionalistas de ser una peligrosa “banda”, y se dirige a Sánchez en los siguientes términos: “¿Con quién piensa llevar a cabo su plan? Con su banda, ¡menuda banda! Con Otegui brindando, con los nacionalistas en Navarra, con los de Més en Baleares, con los nacionalistas en la comunidad valenciana, con Podemos llevando la economía de España. Esos son sus socios y tiene un plan y tiene una banda. Y la pregunta es: ¿la banda se ha juntado para esta investidura en el cuarto de al lado? No, hace tiempo que se juntan […]. Usted tiene en la banda al Sr. Torra y su compañía. Hay un plan, el de Sánchez, y hay una banda, los que quieren liquidar España o los que no creen en el libre mercado o en la libertad de comercio. Usted ha perpetrado su plan con esa banda. El plan Sánchez está en marchar, la banda ya sabemos quién es y ahora quiere meterla también el gobierno nacional” (sic). Como el uso del término es una clara alusión a la banda terrorista ETA, le responde Aitor Esteban, portavoz del Partido Nacionalista Vasco, recordándole irónicamente: “Vamos al meollo de la cuestión. ¡Qué ironía! Tanto patriota en la cámara que se llena la boca con la palabra España y al PNV se le supone más sentido institucional que a ellos (…) Pues es que también lo imagino en una banda, pero en su caso una banda de mariachis, dando la nota desde la tribuna y la serenata desde el escaño” (resic). 
Postdata 2. En octubre de 2019, cuando el libro ya esta finalizado, los hermanitos de Ecuador le hacen llegar a King Manaba un video con un discurso del presidente Lenin Moreno, quien para calmar las iras de los indígenas que protestan contra las medidas de austeridad económica tomadas a instancias del FMI se dirige a ellos con las siguientes palabras: “Ciudadanos todo está completamente claro y lo está también ventajosamente para los hermanos indígenas: son los narcotraficantes, son los Latin Kings criminales, son los correístas, los que están dedicados a hacer estos actos vandálicos. Ventajosamente los indígenas ya los han detectado y están separándolos de sus filas” (sic). La referencia no es baladí: uno de los líderes de la Organización de Reyes y Reinas Latinos de Ecuador, Ronny Aleaga, es diputado en la Asamblea Nacional por el partido del expresidente Correa, escisión del gubernamental Alianza País. 
Postdata 3. El 14 de octubre de 2019, mientras estoy con Manaba en la plaza de Catalunya de Barcelona, el día en que se ha publicado la sentencia contra los líderes independentistas catalanes, nos enteramos de que Moreno ha dado marcha atrás y ha retirado el decreto. Manaba comenta: “Los manifestantes de Ecuador son como los de aquí, pero con poncho”. Y yo respondo. “Seguro que no tardarán en hablar de los manifestantes como de ‘bandas organizadas’”. El 17 de octubre, tras varios días de disturbios en Cataluña, me levanto escuchando la tertulia matinal de Catalunya Radio. Un tertuliano cercano al partido Ciudadanos pronuncia la frase de marras: “Los del Tsunami Democràtic son una banda violenta, como la kale borroka”. A lo que responde otra tertuliana: “De bandas, haberlas haylas, pero las más peligrosas son las bandas fascistas”. La “banda”, pues, como arma arrojadiza, estigma y metáfora del combate político. 
Postdata 4: En los últimos tiempos, los tres políticos que apostaron por la “mano dura” contra los Latin Kings y promovieron redadas y procesos por “organización criminal” -Rudolph Giuliani en Nueva York, Esperanza Aguirre en Madrid, y varios políticos del CiU, partido en el gobierno catalán en 2012, en Barcelona- han sido imputados en asuntos de corrupción -el caso Ucrania, el caso Gürtel, el caso Palau. En los tres casos están en juego grandes cantidades de dinero presuntamente sustraídos al erario público. Todos ellos han contado con caros abogados particulares; ninguno ha cumplido prisión preventiva, ni han sido -hasta ahora- condenados (con excepción de algunos políticos de CiU de segundo nivel); tampocos los partidos políticos a los que pertenecían, que avalaron o hicieron la vista gorda ante dichas prácticas, han sido ilegalizados. Durante el mismo periodo, la mayor parte de “bandas latinas” en España han sido procesadas por “asociación ilícita”, “grupo criminal” u “organización criminal”. Aunque ha habido algún caso grave –cuyas víctimas suelen ser los propios pandilleros-, en general los delitos supuestamente cometidos son de escasa entidad económica, vinculados al pequeño tráfico de drogas, a peleas o a la simple pertenencia al grupo. La mayoría de procesados pasaron por prisión preventiva, fueron defendidos por abogados de oficio -que actuaron con gran profesionalidad pese a la poca remuneración y las muchas hojas del expediente a revisar- y cumplieron o cumplen condena. Casi todos los grupos a los que pertenecen han sido ilegalizados en algún momento, aunque sus miembros siguen actuando abiertamente. 
Postdata 5. Cuando este libro estaba en prensa, he tenido acceso a las sentencias de los juicios por asociación ilícita contra los Latin Kings en España, con hallazgos sorprendentes. En el primer juicio de 2007 la Audiencia Provincial de Madrid publicó la sentencia en un tiempo récord (¡a penas 15 días después de la finalización del juicio!), lo que permite prejuzgar una presunción de culpabilidad. En 2009 fue anulada por el Tribunal Supremo, por justifición insuficiente: uno de los ponentes era Luciano Varela (miembro progresista, que ha formado parte del proceso contra los políticos catalanes). En 2010 se repitió el juicio, de nuevo con una sentencia condenatoria con argumentos parecidos, aunque más prolijos. En 2011, tras la reforma del código penal, un nuevo clima punitivo y un gobierno del partido conservador PP, el Tribunal Supremo la validó. Uno de los ponentes fue un magistrado que recientemente se ha hecho célebre por presidir el juicio por el referéndum catalán y a quien políticos del PP propusieron para presidir el Tribunal Constitucional con el argumento de que así podían controlarlo por detrás: Manuel Marchena. 
Postdata 6. El 27 de enero de 2020, un día después de enviar las correcciones de las segundas galeradas de este libro, y un día antes de enviarlo a imprenta, cuando los dos autores del mismo nos encontrábamos en un seminario práctico de la asignatura “Delincuencia y medios de comunicación” del grado de criminología de la UPF, mientras los estudiantes comentaban en grupo algunas de las noticias sobre bandas latinas que aparecen en el libro, recibimos un wahtsapp del abogado de César, con un documento adjunto que incluye otro largo texto de 190 páginas: la sentencia 10/2020, emitida por la sección 21 de la Audiencia Provincial de Barcelona, por el procedimiento del sumario 11/2017, por los delitos de “organización criminal, amenazas, obstrucción a la justicia, asesinato, contra la salud pública, detención ilegal, maltrato de obra y hurto”, contra 23 incausados, presúntamente miembros del sector legal de los Latin Kings, incluyendo a César Gustavo Andrade Arteaga como principal imputado, por quien la fiscalía solicitaba una pena de 24 años de cárcel como líder de dicha organización criminal, cuya detención, prisión preventiva y juicio se relata con todo lujo de detalles en las dos últimas conversaciones del libro. La resolución dictada por los tres jueces que han redactado la sentencia es concluyente: se condena a seis de los imputados por delitos menores, pero César Andrade y el resto de imputados quedan absuelto de todos los cargos. Al leer la noticia saltamos de alegría: los estudiantes, a quienes acabábamos de explicar las complejas relaciones de los Latin Kings con la prensa, la policía y el sistema judicial, nos observan con sorpresa y no podemos evitar darles la buena nueva. Les comentamos que cuando King Manaba fue detenido, la noticia abrió noticiarios de radio, televisión y prensa, por lo que tenemos curiosidad por saber qué tratamiento recibirá esta transcendental sentencia por parte de los medios. Al despedirnos tras seis horas seguidas de clase y seminarios, coincidimos en que a veces hay justicia en la vida. ¡No podíamos imaginar mejor final para este libro! 
Bibliografía
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Filmografía
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Webgrafia
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Latin Kings. (2019, 6 de septiembre). Wikipedia, La enciclopedia libre. Fecha de consulta: septiembre 28, 2019 desde https://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Latin_Kings&oldid=118974569


[1] Estracto del prólogo del libro: Feixa, C. & Andrade, C. (2020). El Rey. Diario de un Latin King. Barcelona: NED. https://nedediciones.com/ficha.aspx?cod=2041www.latinkings.es. Reproducido con permiso de la editorial. 
[2] Político catalán, entre 2012 y 2015 fue consejero de interior. En esa fecha era militante de UDC, partido democristiano; en las últimas elecciones al Parlamento catalán de 2017 se presentó en las listas del PSC, partido socialista. 
[3] Puede evocarse este proceso a través de dos artículos publicados en El País (Feixa & Muñoz, 2004; Feixa et al., 2006b; Feixa, 2016). 
[4] El Pais Semanal publicó un reportaje titulado “La beca millonaria del profesor punk: Hip-hop contra las bandas juveniles” (1-10-2017).
[5] La traducción castellana de The Gang se publicará próximamente en esta misma colección, con traducción de María Oliver y mía y un estudio introductorio a cargo nuestro, de Dennis Rodgers y José Antonio Pérez-Islas. 
[6] Sobre los Latin Kings de Chicago, véase los trabajos de Conquergood (1994) y el documental impulsado por el mismo investigador: The Heart Broken in Half (Siegel y Conquergood, 1990). 
[7] Cuando usemos Nación en plural nos referimos a ALKQN; nación en singular se refiere a cualquier otra nación. 
[8] Véase Brotherton y Barrios, 2003; Kontos, 2003; Latin Kings, 2019; ALKQN, 2019. La fase de reforma de ALKQN en Nueva York se relata en el documental Black and Gold, producido por HBO (Rowley y Soohen, 2000)
[9] Para un análisis de este período, véase Feixa et al. (2006, 2008, 2011). La primera parte de dicho proceso -la legalización- se relata en el documental Vida Real: Latin Kings en Cataluña (Casals y Martinez, 2006); la segunda parte -la crisis- se relata en el documental Buscando respeto (González Morandi, Queirolo y Feixa, 2013). 
[10] La rama legal ecuatoriana de los Latin Kings protagonizó recientemente un documental en TVE: Amor de Rey (En Portada, 2019).
[11] Una versión alternativa de la historia global de los Latin Kings puede verse en Mission (2008), miembro de la Nación originario de Nueva York, que tiene contacto directo con los hermanos de Chicago, España e Italia, y que se propone recuperar la memoria de la organización.
[12] Aunque la fiscalía pidió prisión sin fianza, el juez consideró que los motivos aducidos eran insuficientes y el encausado debía salir en libertad. 
[13] Además de la segmentación interna en cada ciudad, se dió una segmentación a nivel nacional entre Chicago y Nueva York, Quito y Guayaquil, Madrid y Barcelona. 
[14] El investigador brasileño Joao Gabriel Almeida me ha hecho ver, cuando el manuscrito estaba en prensa, algunos paralelismos entre los colores y rituales de los Latin Kings con los de la santería afrocaribeña. La regla de ifá utiliza como fundamento la oposición de dos colores, amarillo y verde en la tradición cubana, y naranja y verde en la tradición nigeriana, para oponer la vida y la muerte. Además, el collar es el simbolo de ingreso a la religión, mientras que los collares de mazo representan a un iniciado con rango más grande, que ya tuvo la comprobación de su cabeza a algun de los orishas. Hay una coincidencia del uso de los collares como elemento ritualístico de ingreso al grupo y reconocimiento visual de estatus, así como la referencia a la idea de que hacer parte del grupo lleva a un pacto entre la muerte y la vida, representado por la oposición de dos colores. La idea del oro como referente de luz y belleza tiene correspondencia con el culto a la diosa Oshun, mientras que el culto a Iku, la muerte, utiliza un collar blanco y negro, en el cual el negro representa la muerte en esa lógica de oposición.  
[15] En su libro sobre los sentidos de la vida, Joan Prat muestra cómo las autobiografías escritas bajo el modelo de la marginación o exclusión sociales pueden llevar a la disolución del yo subalterno (Prat, 2007). 

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