Después de los Cuadernos. Las últimas lecturas de Gramsci (agosto de 1935 – abril de 1937)*

La elaboración de los cuadernos, que comenzó en la penitenciaría de Turi el 8 de febrero de 1929 con la redacción del programa de trabajo del Primer Cuaderno, se interrumpió abruptamente, con toda probabilidad, en junio de 1935, en la clínica Cusumano de Formia, donde Gramsci había estado ingresado desde el 7 de diciembre de 1933, primero como detenido y posteriormente, a partir del 25 de octubre de 1934, formalmente en libertad condicional. Sus últimas notas presentan algunos apéndices marginales al resumen del Cuaderno 10, «sobre los “residuos” o supervivencias […] en la filosofía de Croce sobre la doctrina de la filosofía de la praxis», y del párrafo § 53 del Cuaderno 17, dedicado al estadista inglés Disraeli y al imperialismo británico, que contiene referencias interesantes a temas ampliamente tratados en otros lugares (el cesarismo) y, sobre todo, a «fenómenos históricos modernos análogos», sobre los que no se puede evitar pensar en los dos «imperios» que estaban naciendo en ese momento, el americano y el soviético. En las notas inmediatamente anteriores del mismo cuaderno, escritas en un periodo no especificado entre septiembre de 1934 y junio de 1935, Gramsci había vuelto por enésima vez a temas que habían sido ampliamente debatidos en sus manuscritos penitenciarios: los «diferentes “grados” o “momentos”» del equilibrio de poder y su peso relativo en la determinación de los eventos históricos y políticos (§ 48); la conexión entre comprensión y acción, siempre en relación con estos acontecimientos (§ 49); el paralelismo entre el arte militar y la política, nuevamente con referencia a la guerra de posiciones frente a la guerra de movimientos (§ 50); el papel de la religión en la vida política y social, partiendo de una referencia «superficial e acrítica» del Mein Kampf de Adolf Hitler, que contrasta con la concepción del Estado de Maquiavelo (§ 51); el problema del método científico y la necesidad de superar las abstracciones y los tecnicismos de los especialistas, así como la falsa oposición entre las ciencias naturales y exactas por un lado y las humanidades por otro (§ 52).

Diez párrafos añadidos por Gramsci al Cuaderno 14 también datan de marzo de 1935 (en las últimas cuatro y en las dos primeras páginas, dejadas en blanco entre diciembre de 1932 y febrero de 1933, cuando se había compilado el cuaderno) y también están dedicadas a cuestiones sobre las que, evidentemente, siguió reflexionando. En primer lugar, se trata de los problemas relacionados con la construcción del Estado socialista que surgieron de la Revolución de Octubre: la necesidad de encontrar formas de expresión y representación de las demandas de los diferentes sectores de la sociedad, alternativas al parlamentarismo clásico y a la progresivo incremento de las disputas y las discrepancias surgidas dentro de la élite bolchevique, con el consiguiente distanciamiento creciente entre esta y las masas proletarias en cuyo nombre ejerce el poder (§§ 74-77). En los textos añadidos al Cuaderno 14 hay una referencia adicional al auge del nacionalsocialismo de Hitler (§ 3) e ideas para las rúbricas Pasado y presente (§§ 78-79), Periodismo (§ 80), Literatura popular (§§ 1-2). Poco después, presumiblemente en abril, Gramsci volverá a encontrar la fuerza para escribir desde cero las diez páginas fundamentales para el estudio de gramática del Cuaderno 29 que, como ha señalado varias veces Giancarlo Schirru, además de estar vinculadas con sus intereses juveniles en la lingüística, son también una forma de tomar posición sobre el debate que se está llevando a cabo en la URSS sobre la cuestión de las nacionalidades dentro de la Federación de Repúblicas Socialistas.[1] En los primeros meses de 1935 interrumpe el trabajo de transcripción, cada vez más mecánico y poco innovador, de las notas misceláneas a los cuadernos «especiales», en particular los Cuadernos 19, 20, 25 y 26, mientras que las monografías posteriores 27 y 28 acababan de comenzar y fueron abandonadas tras unas pocas páginas.[2]

El 24 de agosto de 1935, al final de una auténtica batalla legal librada con peticiones e informes médicos, Gramsci finalmente logrará ser trasladado a la clínica Quisisana en Roma, que consideraba más adecuada para sus cada vez más precarias condiciones de salud, donde pasaría los últimos veinte meses que le quedaban de vida, formalmente bajo un régimen de liberación condicional, pero de hecho estaría sometido, por orden del jefe del gobierno fascista, a una «vigilancia continua y alerta, hasta un grado que parecería casi inverosímil si testimonios irrefutables no lo hubieran recordado», con nuevas exacerbaciones en relación a las particulares contingencias nacionales e internacionales.[3] Como si fuera un último y trágico giro del destino, la muerte de Gramsci, el 27 de abril de 1937, ocurrirá tras la hemorragia cerebral que le había golpeado dos días antes, pocas horas después de recibir la comunicación de la recuperación de su plena libertad. Casi todos los estudiosos excluyen categóricamente que reanudara el trabajo en la clínica romana en los manuscritos, que le habían acompañado en cada uno de sus traslados.

El lingüista Franco Lo Piparo no cree esto, basándose en un testimonio de Carlo Gramsci reportado por Domenico Zucàro, según el cual, además de «pasar días enteros leyendo en la galería de la clínica: periódicos, revistas, libros y mucha lectura en estos tiempos […] aunque escribir le produzca un estado de excitación, Carlo me asegura que su hermano también está empezando a trabajar en los Cuadernos aquí», es decir, en la clínica Quisisana.[4] Por ello, en más de una ocasión Lo Piparo, partiendo de algunos errores cometidos por Tatiana Schucht al numerar los cuadernos con etiquetas especiales para tratar de inventariarlos tras la muerte del prisionero, antes de entregarlos a la embajada soviética en Roma desde donde habrían sido enviados a Moscú con correo diplomático, ha llegado a plantear la hipótesis de que las inconsistencias en la numeración se debían a la ausencia de un cuaderno (sino dos), escrito durante su estancia en el hospital romano. Un cuaderno que podría haber contenido juicios negativos sobre la línea de los partidos comunistas italiano y ruso, y más en general una abjuración del comunismo, razón por la cual se habría hecho desaparecer (¿oculto? ¿destruido?) por Togliatti con la complicidad del propio amigo de Gramsci, Piero Sraffa (quien mientras tanto habría comunicado a su otro amigo Wittgenstein el contenido del mencionado Cuaderno 29, determinando una revisión radical de su pensamiento anterior, que ha pasado a la historia como un «giro lingüístico»).[5]

Personalmente, siempre he creído que la única forma de estudiar el legado carcelario de Gramsci era seguir una serie de indicaciones metodológicas que él mismo nos ha proporcionado —con referencias explícitas a las obras de Marx, pero probablemente también pensando en el destino de sus propios manuscritos— respecto a la necesidad de «una obra filológica meticulosa llevada a cabo con el máximo escrúpulo de exactitud, de honestidad científica, de lealtad intelectual, de ausencia de cualquier prejuicio y apriorismo o sesgo partidista»;[6] trabajo que, en ausencia de pruebas en contra, solo puede ejercerse sobre los treinta y tres cuadernos escolares que se conservan en la Fondazione Istituto Gramsci y están disponibles para todos los académicos que deseen consultarlos. También estoy totalmente de acuerdo con lo que Giuseppe Vacca reiteró recientemente de nuevo, que, a pesar de que «los Cuadernos contienen quizás el análisis más agudo que elaboró en ese momento un comunista sobre los límites del bolchevismo, sobre las características de la URSS de Stalin y de su política internacional […] esto nunca puso en duda su lealtad a la tierra de los soviets, ni logró generar un desapego del movimiento comunista; al contrario, alimentó una búsqueda tensa pero desencantada de una revisión profunda, que podría haber constituido la brújula de su lucha por cambiar su dirección, una vez recuperado su libertad».[7]

En consideración a todo esto, propongo al menos dos tipos de razones que nos permiten explicar por qué el legado carcelario de Gramsci se limita al material conocido hasta ahora y compilado entre febrero de 1929 y mediados de 1935, primero en Turi y luego en Formia: la primera se encuentra sin duda en el deterioro progresivo y posterior de las condiciones psicofísicas de Gramsci que, aparte de una ligera y momentánea mejora en la primavera de 1936, le conducen a no levantarse de la cama durante semanas en febrero de 1937, y en plazo de dos meses, a la muerte. Estas condiciones serán testimoniadas en primer lugar por las cartas que, desde finales de noviembre de 1935, escribe a su esposa Giulia y sus hijos Delio y Giuliano en Rusia, así como a familiares en Cerdeña, mientras que deja de escribirse con Tania, ya que ahora su cuñada puede visitarle a diario. En su mayoría son mensajes breves y salpicados de expresiones relacionadas con el esfuerzo que esas pocas líneas suponen para un hombre cada vez más debilitado: «escribir me cuesta mucho esfuerzo y me deja durante algunas horas (o algunos días) en un estado de excitabilidad poco agradable»; «No soy capaz de escribir como debería y querría (ya es mucho que haya conservado una conciencia bastante clara de lo que soy y lo que me gustaría ser)»; «Tengo muchos dolores de cabeza y no puedo escribir durante mucho tiempo»; Gramsci también encuentra su escritura «muy desordenada», su memoria «no […] muy buena», etc.[8] Podemos extraer indicaciones similares al respecto de los testimonios contemporáneos de quienes estuvieron más cerca de él en aquellos años, empezando por Tania y Sraffa.[9]

Pero además de esta, hay otra razón (y quizás aún más importante) para explicar el hecho de que Gramsci no trabajara en los cuadernos durante su hospitalización en la clínica Quisisana; una razón que tiene que ver con la naturaleza intrínseca de estos, ignorada o desconocida durante demasiado tiempo debido a los sucesivos acontecimientos editoriales a los que se enfrentaron, a partir de su edición temática en seis volúmenes, a cargo de Felice Platone bajo la supervisión de Palmiro Togliatti.[10] Quiero decir que, como todos sabemos, aunque no siempre tengamos en consideración esta evidencia, los Cuadernos no son, ni en su conjunto ni tomados individualmente, un libro o libros, sino solo el material preparatorio para una serie de ensayos que se llevarían a cabo una vez recuperada la plena libertad, y no con fines académicos o culturales, sino de intervención política. Su composición encuentra al mismo tiempo su razón de ser y su límite en la privación provisional de la posibilidad de tal intervención, así como de todo contacto directo con el mundo real, del que «los libros y las revistas» (y ni siquiera todos, sino solo los que la dirección de la prisión le permite leer) «no pueden dar una impresión inmediata», como Gramsci había comprendido incluso antes de empezar a tomar notas en la cárcel.[11] Condición que, por otra parte, también está en la base del fracaso sustancial de los diversos «planes de trabajo» que habían precedido y acompañado gradualmente la redacción de las notas carcelarias, incluido el relativo a la compilación de los cuadernos «especiales», monográficos, la mayoría de los cuales apenas esbozados, un impase del que Gramsci muestra ser consciente en una serie de pasajes, tanto de las cartas como de los propios cuadernos.

Teniendo en cuenta todo esto, no nos sorprende en absoluto que un hombre en condiciones de grave postración psicofísica, y que sin embargo, no renuncia hasta el final al proyecto de retomar su actividad como militante político del movimiento comunista internacional (como demuestra su firme intención de trasladarse a Moscú lo antes posible), dedique sus energías residuales ante todo a esforzarse por seguir y, dentro de los límites impuestos por las condiciones dadas, dirigir la actividad de familiares, amigos y camaradas del partido para obtener la plena libertad de movimiento lo antes posible.[12] Esto no significa que abandone por completo cualquier forma de estudio y de análisis de la realidad histórica y política nacional e internacional, lo que sería contradictorio con el propósito expresado anteriormente, además de incoherente con toda su existencia previa como preso político. En este sentido, Spriano se ha preguntaba: «¿Qué sabemos de la reacción inmediata de Gramsci ante lo que ocurría «en el mundo grande y terrible», en estos años cruciales, de 1934 a 1937, que van desde la toma del poder por Hitler en Alemania hasta la empresa etíope de Mussolini, desde la victoria del Frente Popular en Francia hasta el estallido de la guerra civil en España, desde el éxito del primer plan quinquenal soviético hasta el comienzo de las más sonadas represiones estalinistas, desde el asesinato de Kírov hasta el primer juicio en Moscú contra Zinóviev y Kamenev?»[13]

Algunas indicaciones sobre los intereses de Gramsci en el periodo posterior a la interrupción de su trabajo en los cuadernos pueden deducirse de las cartas a sus familiares mencionadas anteriormente; aunque estas se centren principalmente a sus condiciones de salud y el de su esposa, así como al desarrollo físico e intelectual de sus hijos, Gramsci no deja de expresar en ellas sus opiniones sobre la superioridad del nuevo sistema escolar soviético con respecto al tradicional, de discutir sobre la gran literatura rusa (Pushkin, Chéjov, Tolstói, Gorki) y la literatura infantil (H.G. Wells, Julio Verne), así además de retomar, aunque sea de forma esporádica, temas ampliamente tratados en los Cuadernos que van desde la crítica al dogmatismo y el evolucionismo mecanicista hasta el concepto de naturaleza humana.[14] Las misivas de Gramsci continúan hasta un momento indeterminado de 1937, mientras que sus últimas palabras documentadas datan del 18 de abril de ese mismo año, cuando le redactó a Sraffa una petición a Benito Mussolini para concederle permiso para expatriarse a Rusia una vez que terminara de cumplir definitivamente su condena[15] (hipótesis que Gramsci contempló durante mucho tiempo y respecto a la cual, la de retirarse a Cerdeña, a Santu Lussurgiu, parece más bien una distracción o, como mucho, una solución provisional, esperando a que se creen las condiciones para la expatriación[16]). Unas semanas antes, con motivo de su última visita, había confiado a Sraffa su último mensaje político, encargándole que transmitiera al partido «su recomendación de que se adoptara la consigna de la Asamblea Constituyente».[17]

También es más que plausible imaginar que, como hizo en los dos años entre su encarcelamiento (enero de 1927) y la concesión del permiso para escribir en su celda (febrero de 1929), en la fase extrema de su vida en la que, por diversas razones, ya no podía hacerlo, Gramsci continuará, o incluso intensificará, la actividad lectora a la que se había dedicado asiduamente desde niño;[18] y una serie de circunstancias fácticas nos permite hacernos una idea aproximada de cuáles pudieron ser estas lecturas. En este sentido, un primer elemento lo constituye sin duda el examen del Fondo Gramsci, conservado en la Biblioteca de la Fundación que le está dedicada, compuesta de 762 volúmenes y folletos y 76 revistas de diversa extensión, que Gramsci poseía y consultaba tanto en los años previos a la prisión como durante su detención.[19] Es evidente que no son todos los libros y revistas que leyó antes y durante su encarcelamiento: el caso más conocido es el del Manual de Bujarin, que sin duda tenía en Turi en su traducción francesa y que, sin embargo, no ha llegado hasta nosotros;[20] por otro lado, es igualmente cierto que gran parte del material conservado nunca fue siguiera ojeado por Gramsci, por la sencilla razón de que se presenta sin abrir. Esto es aún más válido para el periodo que nos ocupa aquí, en el que se supone que habrá una mayor disponibilidad de material impreso, dado el diferente régimen restrictivo al que ahora está sometido Gramsci; sin embargo, considero que, si se examina adecuadamente, el Fondo Gramsci puede proporcionarnos indicaciones interesantes no solo sobre las lecturas sino, más en general, sobre sus intereses de estudio e investigación en los dos últimos años de su vida. Para ello, solo tendré en cuenta las publicaciones posteriores al traslado de Gramsci de la clínica de Formia a la de Roma.

Unos cuarenta volúmenes datan de este periodo, un tercio de los cuales están total o parcialmente sin abrir, pero sobre todo colecciones casi completas de diversas revistas (que en algunos casos llegan al número posterior a la muerte de Gramsci, en otros continúan durante 1937 o, en cualquier caso, hasta la expiración de la suscripción) y algunos fascículos dispersos de otras publicaciones periódicas, así como una serie de páginas separadas de estas. Esta evidencia, además de coincidir con el testimonio contenido en una carta de Tania a Giulia según la cual, al menos desde enero de 1936, él «seguía la prensa italiana y un poco la francesa»,[21] confirma el hecho de que los periódicos y revistas siguen siendo, como durante todo el periodo de encarcelamiento, la principal fuente de información para Gramsci sobre los acontecimientos políticos, económicos, sociales y culturales, tanto en Italia como en el extranjero, de estos años convulsos y decisivos de la historia del siglo XX.

Entre las publicaciones periódicas hay algunas que se citan ampliamente en los cuadernos: la revista de los jesuitas «La Civiltà Cattolica» que representa (aunque no oficialmente) el punto de vista de la jerarquía eclesiástica italiana; «Critica fascista», fundada y dirigida por el jerarca del régimen Giuseppe Bottai; «I Problemi del Lavoro», del ex socialista y sindicalista Rinaldo Rigola, quien se convirtió en partidario del corporativismo fascista; «Italia Letteraria» de Curzio Malaparte y Giovanbattista Angeletti, continuación de «La Fiera Letteraria», hasta su desaparición en 1936 (con la adición de un par de números de «Il Meridiano di Roma» del mismo Malaparte, que quería recoger de alguna manera su legado), y de que Gramsci también había escrito que «siempre ha sido, pero cada vez más, un saco de patatas»;[22] y también la revista cultural del régimen «Quadrivio» (de cuyo primer número Gramsci había tomado como referencia el tema del «regreso a De Sanctis»).[23]

Otras publicaciones, en cambio, no eran ya el centro de atención de Gramsci; es el caso de la «Nuova Rivista Storica» de Corrado Barbagallo y Gino Luzzatto, que siguió recibiendo, pero cuyos números posteriores a junio de 1935 permanecen completamente intactos, y sobre todo de una serie de revistas que se detienen en el periodo Formia o en los meses inmediatamente posteriores[24] (probablemente debido a la «inercia» de los pedidos y suscripciones anteriores): «Affari esteri», «Civiltà fascista», «Gerarchia», «Nuova Antologia», «Nuovi studi di diritto, economia e politica», como para indicar la voluntad de Gramsci de concentrar su atención y sus esfuerzos, cada vez más costosos en relación con las energías residuales, en unas pocas y selectas publicaciones. Desde este punto de vista, es muy interesante observar cómo, a partir de diciembre de 1936, se añade la revista semanal del Instituto de Estudios de Política Internacional, «Relazioni internazionali», mientras que Gramsci retoma la lectura de la «Nouvelle Revue Française» que, tras haber leído un par de números en 1931, se había propuesto «revisar» junto con otras publicaciones francesas.[25]

Y de hecho, entre las revistas que poseía se encuentran algunos números sueltos de «Aux Écoles», el semanario conservador fundado por Paul Levy, de la revista satírica «Crapouillot» (creada como periódico para las tropas durante la Primera Guerra Mundial, que más tarde se convirtió en una revista literaria vanguardista e inconformista), de la revista de prensa internacional «Lu dans la presse universelle», de las revistas culturales «Phalange» y «Le Mois» y, sorprendentemente, de numerosos fascículos del antifascista «Vu» (la misma que en septiembre de 1936, en un número que por otra parte no se conserva entre los que pertenecieron a Gramsci, publicó la famosa fotografía de Robert Capa del soldado republicano mortalmente herido en España). En el Fondo Gramsci también se archivan un par de hojas sueltas (con artículos sobre Dante y Schopenhauer) del alemán «Literaturblatt der Frankfurter Zeitung», que en los cuadernos se mencionaban entre «los periódicos democráticos […] mejor hechos»,[26] como para confirmar un retorno a la atención por las lenguas extranjeras que había representado para Gramsci «la ocupación predominante»[27] durante toda la primera fase de su encarcelamiento, incluso después de recibir el permiso para escribir en su celda.[28]

Entre los periódicos conservados se encuentran también números sueltos de «Camicia Rossa», «revista de la asociación de veteranos de las guerras patrias», de la revista artística y literaria «Perseo» y, sobre todo, de «Il Merlo», periódico satírico de contrainformación dirigido por Alberto Giannini, antiguo socialista y ahora doble agente subvencionado por el régimen para dividir y desacreditar a los refugiados antifascistas italianos en Francia mediante la publicación de documentos falsos y/o apócrifos. Pero aún más indicativo de los números completos (y a veces intactos) de las revistas publicaciones que Gramsci sigue recibiendo y acumulando en la clínica «Quisisana», son las hojas que arranca de los periódicos y revistas antes de eliminarlas por razones obvias de espacio (actualmente conservadas en dos carpetas en la Biblioteca de la Fundación Gramsci).[29] Su archivo, de hecho, solo es compatible con la función de recordatorio para trabajos futuros (tanto es así que, a primera vista, entre los recortes que datan del periodo de redacción de los Cuadernos, ninguno remite a notas ya escritas), como ocurrió anteriormente, especialmente durante la compilación de los primeros cuadernos misceláneos – pienso sobre todo en el Cuaderno 2, obtenido casi exclusivamente del examen de publicaciones de años anteriores. Además del «Corriere della Sera», cuya autoridad es reconocida por Gramsci en varios lugares y que evidentemente representa el periódico que más lee, tenemos algunas páginas tomadas del fascista «Popolo di Roma» (sucesor del «Popolo d’Italia» fundado por Mussolini), de «La Stampa» ya filogiolittiana y de «La Tribuna» (que, como los otros periódicos se ha vuelto filofascista, bajo la dirección de Forges Davanzati), mientras faltan las del «Sole» y del «Messaggero» en fechas posteriores al traslado a la clínica romana. Entre las publicaciones extranjeras, encontramos páginas sueltas de «Action Française», objeto de atención en los cuadernos en relación con Charles Maurras, una revista a la que atribuye “la mejor reseña de la prensa»,[30] y de «Temps», citada junto con la anterior entre los periódicos franceses de opinión, aparentemente imparciales, en general peores que los italianos.[31]

El análisis cruzado de los libros, revistas y hojas sueltas de periódicos relativos al periodo comprendido entre agosto de 1935 – abril de 1937, conservados en el Fondo que lleva su nombre, nos proporciona indicios decisivos sobre los temas a los que Gramsci dedica mayor atención en la última fase de su vida, con significativas líneas de continuidad respecto a algunos temas que encontramos tanto en los distintos planes de trabajo carcelarios (elaborados entre 1927 y 1932) como en su desarrollo real en los cuadernos misceláneos y «especiales» (1929-1935), lo que confirma el hecho de que en ningún caso llegan a una conclusión, sino que simplemente se interrumpen por razones que hemos explicado ampliamente. Basta con enumerar algunos: Benedetto Croce y el historicismo, la historia de los dos últimos siglos (la Revolución Francesa, el Risorgimento, los problemas posteriores a la unificación: el escándalo de la Banca Romana), el periodismo (el Breviario de Daudet), la gran literatura (Dante, Pushkin, Céline, Gide) y la literatura popular nacional (en particular la francesa, como los relatos de Simenon), la lingüística, las perspectivas revolucionarias abiertas por el progreso científico (los grandes biólogos y divulgadores Alexis Carrell y Julian Huxley), novedades literarias (como la publicación de algunas obras inéditas de Italo Svevo), filosóficas, artísticas, cinematográficas italianas e internacionales, pero también géneros populares (sátira, astrología, deporte, cocina), noticias de actualidad (la muerte de Rudyard Kipling, un autor querido a Gramsci desde la adolescencia, y la del líder político griego Venizelos).

Otros merecen mayor atención, ya que se refieren, por un lado, a la situación política y económica de aquellos años en Italia (la Dottrina del fascismo y otras intervenciones de Mussolini, las relaciones sindicales, las estadísticas económicas, el corporativismo, la autarquía en respuesta a las sanciones internacionales por la agresión a Etiopía) y de la Unión Soviética (el plan quinquenal, los primeros procesos estalinistas) y, por otro lado, en sentido amplio, el ámbito de las relaciones internacionales y, en particular, el tema de la guerra: la pasada (el pensamiento de Clausewitz, la Primera Guerra Mundial), la presente (los acontecimientos de la guerra en Etiopía hasta la victoria italiana y la proclamación del Imperio, la guerra en España hasta la caída de Málaga) y, sobre todo, la dramáticamente inminente (la situación militar de Francia e Inglaterra, el sionismo, la Alemania nazi y sus ambiciones expansionistas[32]).

Las últimas páginas arrancadas de los periódicos datan del mes de abril de 1937, el mes de la muerte de Gramsci: se trata, en concreto, de algunas páginas del «Corriere della Sera» del día 13, que recogen artículos sobre la poética de Carducci y sobre el nombramiento de cinco nuevos académicos italianos, entre los que se encuentra Papini (a quien Gramsci había dedicado dos de las primeras notas de los cuadernos, mencionándolo junto con Prezzolini entre los exponentes de la «vieja generación de intelectuales [que] fracasó» y ridiculizándolo como «el “piadoso autor” de La Civiltà Cattolica»).[33]

Al día siguiente (14) se remonta la copia del tercer número del semanario recién fundado por Leo Longanesi, «Omnibus», precursor de las revistas modernas, casi enteramente dedicado casi en su totalidad a describir las miserables condiciones de vida en la Unión Soviética, las deportaciones a Siberia, las torturas infligidas por el «técnico de la muerte» Jagoda, exjefe del GPU (posteriormente NKVD) que acababa de caer en desgracia. Pero la revista contiene sobre todo el famoso reportaje de Corrado Alvaro sobre la L’Urss venti anni dopo: la nuova società, en el que el autor denunciaba la traición a los ideales revolucionarios por parte de los bolcheviques, los privilegios de que gozaban las nuevas élites y, una vez más, las detenciones y los juicios sumarios a los opositores al régimen. Tesis reiteradas unos días más tarde, aunque con un tono y profundidad cultural diferentes, en el último número conservado de la mencionada «Merlo» (18 de abril), que titulaba en primera página La URSS se resquebraja, y publicaba, entre otras cosas: un artículo de Victor Serge (que acababa de abandonar la Unión Soviética tras pasar tres años deportado a Siberia) sobre Las condiciones de vida en la Rusia soviética; uno firmado por G. Saragat y titulado Con el marxismo todo se explica: las judías y la lucha de clases, y otro artículo del antiguo sindicalista revolucionario Arturo Labriola (que acababa de pasarse al fascismo) sobre Un nuevo calvinismo.

El 21 de abril, en periódico antifascista «Vu», Gramsci pudo leer un reportaje sobre los seis años de la República Española y un artículo sobre la ley que limitaba la jornada laboral semanal a 40 horas introducida en Francia por el gobierno del Frente Popular, un tema ya tratado en «Lu» del día 16. Por último, en el número siguiente de esta última revista francesa, también el día 23, dos días antes de la última crisis dramática de salud, encontró y conservó un reportaje de la prensa internacional sobre los posibles desarrollos de las relaciones entre los regímenes hitleriano y estalinista (que dos años más tarde firmarían el pacto Molotov-Ribbentrop).

El deseo formulado por el fiscal Isgrò durante el «juicio» contra Gramsci y los demás líderes comunistas en 1928 – «hay que impedir que este cerebro funcione durante al menos veinte años[34]»— evidentemente no se había cumplido: ese cerebro funcionó hasta el final, y hasta el final siguió esforzándose por interpretar el mundo, con la firme convicción de poder cambiarlo.


* Texto de la ponencia presentada en la V Conferencia Internacional «Estudios Gramscianos», Puebla (México), 2-4 de diciembre de 2014, cuya traducción al español fue publicada en Estudios sobre Gramsci: una pequeña puesta al día; Mexico, 2017, pp. 72-86.

Traducción de la versión actual: Nando Zamorano.

[1] Cf. por ejemplo, G. Schirru, I «Quaderni del carcere» e il dibattito su lingua e nazionalità nel socialismo internazionale, in Gramsci e il Novecento, editado por Giuseppe Vacca, Roma, Carocci, 1999, vol. II, pp. 53-61.

[2] Para el orden y datación de las notas de prisión, es esencial consultar la obra de treinta años de Gianni Francioni, comenzando por los Términos de Datación de los «Cuadernos de la Prisión» contenidos en L’officina gramsciana. Ipotesi sulla struttura dei «Quaderni del carcere», Nápoles, Bibliopolis, 1984, pp. 140–146, hasta las Notas Introductorias en A. Gramsci, Quaderni del carcere. Edición anestática de los manuscritos, editada por Gianni Francioni, Cagliari-Roma, «L’Unione Sarda»-Istituto della Enciclopedia italiana, 2009, 18 vols. El último fruto (al menos por el momento) de este trabajo lo he relatado en el apéndice de mi ensayo Hacia la edición crítica e integral de los “Cuadernos de la prisión”, «Studi storici» LII, 4/2011, pp. 896-904. Sin embargo, a la espera de la finalización de esta edición (de la cual los hasta ahora inéditos Quaderni di traduzioni 1929-1932, editados por Giuseppe Cospito y Gianni Francioni, Roma, Istituto della Enciclopedia italiana, 2007, que serán seguidos por los volúmenes dedicados respectivamente a los cuadernos misceláneos y a los cuadernos especiales, editados por el mismo y por Fabio Frosini), las citas de los Quaderni están tomadas de la edición crítica en cuatro volúmenes (el último de los cuales contiene el aparato crítico) editada por Valentino Gerratana (Turín, Einaudi, 1975), con referencia a la numeración de cuadernos y párrafos establecidos en ellos, incluso cuando (como en el caso de los párrafos del Cuaderno 14 citados anteriormente) esto no corresponde al nuevo orden previsto por Francioni.

[3] P. Spriano, Gramsci in carcere e il partito, Roma, L’Unità, 1982, p. 80.

[4] D. Zucàro, Vita in carcere di Antonio Gramsci, Roma, L’Avanti!, 1954, p. 98.

[5] Para una reconstrucción precisa y científica de la relación entre Sraffa y Gramsci tanto antes como durante su encarcelamiento, véanse las obras recientes de Nerio Naldi, comenzando con las últimas en orden de publicación, Sraffa y su entorno entre falsificaciones y verdad, en Investigación sobre Gramsci. ¿Cuadernos desaparecidos, abjuraciones, conversiones, traiciones: leyendas o verdad?, editado por A. d’Orsi, Turín, Accademia University Press, 2014, pp. 124-135 (y véase también, con Giancarlo de Vivo, Gramsci, Wittgenstein, Sraffa y el prof. Lo Piparo. Fatti e fantasie, «Passato e presente», XXXII (2014), pp. 105–114). Las tesis de Lo Piporo (presentadas en Las dos prisiones de Gramsci. La carcere fascista e il labirinto comunista, Roma, Donzelli, 2012; El enigma del cuaderno. La búsqueda de manuscritos tras la muerte de Gramsci, ibid., 2013; Profesores Gramsci y Wittgenstein. Language and Power, ibid., 2014), que están expresamente vinculadas a algunas intervenciones recientes del historiador de la antigüedad Luciano Canfora (Gramsci in carcere e il fascismo, Roma, Salerno, 2012; Espías, URSS, antifascismo. Gramsci 1926-1937, ibid., en el mismo año), en particular sobre el papel de Grieco y Togliatti en determinar el fracaso de los repetidos intentos de obtener la liberación del prisionero que se había vuelto “incómodo”, ocupó durante un tiempo las crónicas culturales del “Corriere della Sera” y la “Repubblica” y fue objeto de una “Investigación sobre la numeración de los Cuadernos de la Prisión”» por una comisión creada específicamente por la Fundación Instituto Gramsci (y de la cual, además de los dos académicos mencionados, Giuseppe Vacca, Gianni Francioni, Fabio Frosini y yo fuimos miembros: las actas están disponibles en la dirección de internet: www.fondazionegramsci.org/5_gramsci/ag_antonio_gramsci.htm) y, por último, de la Investigación sobre Gramsci mencionada anteriormente.

[6] Cuaderno 16, § 2, segundo borrador de Cuaderno 4, § 1, nota inicial de la «primera serie» de «Appunti di filosofia. Materialismo e idealismo.»

[7] G. Vacca, Vita e pensieri di Antonio Gramsci 1926-1937, Turín, Einaudi, 2012, pp. 312-313; pero véase el volumen completo para la reconstrucción efectiva de la biografía político-intelectual de Gramsci en prisión obtenida entrelazando elementos tomados de notas de prisión, de la correspondencia del preso y de correspondencia paralela, así como de una considerable cantidad de documentos (algunos de los cuales solo recientemente han sido puestos a disposición por los herederos de Gramsci o desde los archivos de la antigua Unión Soviética).

[8] Las citas y paráfrasis se toman de A. Gramsci, Lettere dal carcere, editado por Antonio A. Santucci, Palermo, Sellerio, 1996, pp. 760 y siguientes, passim.

[9] Cf. en este sentido A. Natoli, Antígona y el prisionero. Tania Schucht lotta per la vita di Gramsci, Roma, Editori Riuniti, 1990, en parte. pp. 176 y siguientes; T. Schucht, Cartas a la familia, prefacio de Giuliano Gramsci. Introducción y edición de Mimma Paulesu Quercioli, ivi, 1991, pp. 246 y siguientes; P. Sraffa, Lettere a Tania per Gramsci, Introduzione e cura di Valentino Gerratana, ibidem, pp. 179 y ss. C . Casucci, Il carteggio di Antonio Gramsci conservato nel casellario politico centrale, «Rassegna degli Archivi di Stato», XXV, 1965, pp. 421–448.

[10] Cf. en este sentido F. Chiarotto, Operazione Gramsci. Alla conquista degli intelectualali nell’Italia del dopoguerra, con un ensayo de Angelo d’Orsi, Milán, Bruno Mondadori, 2011, y la bibliografía que se trata en él.

[11] Gramsci, Cartas desde prisión, cit., p. 222 (carta del 19 de noviembre de 1928).

[12] Para una reconstrucción meticulosa y documentada de todo esto, véase Vacca, Vita e pensieri di Antonio Gramsci 1926-1937, cit., en parte. pp. 223-321.

[13] Spriano, Gramsci in carcere e il partito, cit., p. 71 y siguientes; sobre el fallo de Gramsci respecto a los primeros juicios estalinistas, el propio Spriano informa del testimonio de Sraffa, según el cual “evitó pronunciar un juicio. Como mucho, no estaba de acuerdo, en principio, en que las confesiones debían considerarse prueba contra el acusado” (cit. ídem., p. 72 y siguientes).

[14] Cf. de nuevo Gramsci, Cartas desde prisión, cit., pp. 760 y siguientes.

[15] Spriano, Gramsci in carcere e il partito, cit., p. 160.

[16] Cf. en este sentido Vacca, Vita e pensieri di Antonio Gramsci 1926-1937, cit., pp. 293-321.

[17] Sraffa, Cartas a Tania para Gramsci, cit., p. 270.

[18] Del testimonio de Tania a Sraffa sobre los últimos días de vida de Gramsci, recogido en Natoli, Antigone and the Prisoner, cit., en parte. p. 266, se puede deducir que aún estaba leyendo unas horas antes del ataque isquémico que le resultó fatal.

[19] Datos tomados del catálogo del Fondo Gramsci y disponibles en la siguiente dirección de internet: www.fondazionegramsci.org/4_biblioteca/biblio_3.htm (última consulta el 21 de noviembre de 2014).

[20] Reconstruyo la historia de forma breve en mi libro El ritmo del pensamiento. Para una lectura diacrónica de «Cuadernos de prisión» de Gramsci, Nápoles, Bibliopolis, 2011, nota 18 en la p. 27. Además de la circulación clandestina de material impreso en prisión, también debe considerarse la posibilidad de que parte de la «biblioteca» de Gramsci permaneciera con su familia, en Cerdeña y Rusia.

[21] Citado en Vacca, Vita e pensieri di Antonio Gramsci 1926-1937, cit., p. 312.

[22] Cuaderno 1, § 102.

[23] Cf. Cuaderno 23, § 1.

[24] En este sentido, también es interesante observar que los sellos de prisión, el número de serie y el visado de editor solo se aplican a las emisiones de revistas anteriores al traslado de Gramsci de la prisión de Turi a la clínica de Formia (y en cualquier caso no más tarde de julio de 1933), como testimonio adicional de la validez del criterio de la fecha del periódico como indicación,  en ausencia de pruebas en contrario, del momento en que estas llegaron realmente a Gramsci; un criterio utilizado por Francioni en su época como elemento para la datación de muchas notas de prisión, pero disputado por algunos estudiosos (cf. por ejemplo, F. Franceschini, «Folklore» vs. «folklore» y un problema de datación en los «Quaderni del carcere», «Rivista di letteratura italiana», VI, 1988, n. 1, pp. 127-136, y la respuesta de G. Francioni, Ancora su «Folklore» vs. «Folclore»: una datación controvertida en los «Quaderni» di Gramsci, ibid., n. 3, pp. 517-525).

[25] Cf. Cuaderno 15, § 58.

[26] Cuaderno 2, § 182. 

[27] Gramsci, Cartas desde prisión, cit., p. 87 (carta del 23 de mayo de 1927).

[28] Sobre esta cuestión, me gustaría remitir a mi Introducción en Gramsci, Quaderni di traduzioni 1929-1932, cit., pp. 11-40.

[29] Lucia Mancini realizó un primer examen del material durante su investigación para su tesis doctoral, bajo mi supervisión, para una introducción a las «Notas sobre filosofía» de los «Cuadernos de la Prisión» de Antonio Gramsci (Pavía, 2011), a quien aprovecho para agradecer junto con Dario Massimi y Francesco Giasi, director de la Biblioteca y subdirector de la Fundación Instituto Gramsci, por la disponibilidad y ayuda proporcionadas. También debo las gracias a Leonardo Pompeo d’Alessandro, que realizó algunas comprobaciones adicionales para mí.

[30] Cuaderno 8, § 110.

[31] Cf. Cuaderno 1, § 116.

[32] Entre los libros que pertenecieron a Gramsci se encuentra, por ejemplo, la traducción al francés de Der totale Krieg del general Luddendorff (publicada por Flammarion en 1936), mientras que en la «Tribuna» del 27 de febrero de 1937 pudo leer un relato del discurso pronunciado por Joseph Goebbels en Colonia sobre la necesidad de la lucha antibolchevique.

[33] Cuaderno 1, §§ 8 y 12.

[34] Sobre el juicio de Gramsci y los demás líderes comunistas italianos, véase ahora el discurso de Leonardo Pompeo d’Alessandro en esta misma conferencia.

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