El coronavirus y yo

Carles Feixa [1]

Una de las consecuencias del confinamiento es la posibilidad de reflexionar sobre las causas estructurales del coronavirus, la historia de las pandemias, y cómo nos afectan personalmente. Lo que sigue es una especie de autobiografía de mi relación con los virus, pues me he dado cuenta de que han estado presentes en varios momentos de mi vida.

Mi primera conexión biográfica con los virus es geográfica. Procede de una de las adolescentes con la que convivo estos días: mi hija Xao. Ella nació en 2002 en Hunan, provincia China limítrofe con Hubei. La capital de Hunan (Changsha) dista 340 km de la capital de Hubei (Wuhan), donde se dio el primer brote del virus. Hubei y Hunan, junto con Jiangxi, formaron parte del primer soviet creado en China en 1930 (Mao Zedong había nacido en Shaoshan, provincia de Hunan, en 1893). Además, fuimos a adoptar a nuestra hija en febrero de 2003, precisamente en los momentos de auge de la epidemia anterior a la actual, la del SARS. Cuando estábamos en China se cerraron las fronteras y de hecho fuimos los últimos padres adoptivos catalanes en regresar (por lo que salimos en la prensa local). Nos tomamos el suceso con calma: no padecimos ningún problema especial, excepto que en el país quedaban pocos extranjeros. Eso si: recordamos nítidamente los mercados chinos como el de Changsha, llenos de animales vivos y especies exóticas. En 2003 China estaba a penas empezando su apertura a la economía global, pero ya se intuía lo que podía venir. En los días pasados mi hija ha padecido las consecuencias de su fenotipo, siendo señalada por la calle o en las fiestas estudiantiles como posible portadora del virus, como si éste tuviera nacionalidad, o como si lo llevara incubando desde su nacimiento.

Mi segunda conexión personal con los virus es bibliográfica. Mi mujer, Montserrat Iniesta, tradujo hace años una obra de referencia sobre la historia de las epidemias: Imperialismo ecológico, de Alfred W. Crosby (1988). He aprovechado estos días para leer el capítulo que trata del colonialismo vírico. Los virus son un síntoma de la globalización, aunque hayan existido siempre. Lo novedoso es la rapidez viral -valga la redundancia- con la que se transmiten. Tal transmisión, de hecho, se relaciona con las fases históricas de incremento de la globalización, como sucede con descubrimientos o conquistas. El libro explica, por ejemplo, cómo la conquista española de América y el exterminio de las poblaciones nativas fue facilitada por una conquista vírica: los españoles llevaron consigo toda clase de virus (gripe, sarampión, rubeola, disentería, ictericia, tos ferina, paperas, amigdalitis, meningitis, etc.): los nativos americanos no tenían defensas ante tales virus ni podían confinarse, por lo que en pocos años la población sufrió un brutal descenso. Desde una visión tal vez excesivamente determinista, para Crosby la conquista tan rápida de un continente enorme y con varias civilizaciones con un alto nivel de desarrollo (como aztecas e incas), más que por las armas de fuego, fue posible gracias a la varicela. Cito a Crosby:

La viruela cruzó por primera las simas de Pangea -concretamente la isla de La Española- a finales de 1518 o comienzos de 1519, y durante los cuatro siglos siguientes desempeñaría un papel tan esencial en el avance del imperialismo blanco en ultramar como la pólvora, Quizás un papel más importante, porque los indígenas hicieron que los mosquetes, y después los rifles, se volvieran contra los intrusos, pero la viruela luchó muy raramente del lado de los indígenas. Normalmente los intrusos eran inmunes a ella, así como a otras enfermedades infantiles del Viejo Mundo, la mayoría de la cuales eran nuevas al otro lado de los océanos. La enfermedad exterminó rápidamente a un tercio o a la mitad de los arawak de La Española, y casi inmediatamente saltó los estrechos hasta Puerto Rico y el resto de las Grandes Antillas, protagonizando devastaciones similares. Cruzó de Cuba a México y alcanzó a las tropas de Cortés en la persona de un soldado negro enfermo, uno de los pocos invasores que eran inmunes a la infección. La enfermedad exterminó a una alta proporción de aztecas, y abrió el camino a los extranjeros hacia el corazón de Tenochtitlán y la fundación de Nueva España. En la carrera al frente de los conquistadores, pronto aparecería en Perú donde mataría a una gran proporción de súbditos del Inca, al propio Inca y al sucesor que había elegido. A ello siguió la guerra civil y el caos, momento en el que llegó Francisco Pizarro. El milagroso triunfo de este conquistador, y de Cortés, a quien con tanto éxito emuló, se debió en buena parte a los triunfos del virus de la viruela. (Crosby, 1988: 223-4)

Mi tercera conexión con los virus es genealógica. Procede de mis antecedentes familiares: el pueblo de mi padre, Bonansa, en la Alta Ribagorza aragonesa de habla catalana (pueblo originario de otro comunista célebre, Joaquim Maurín, fundador del POUM), sufrió los efectos de una epidemia en 1652. Hace unos años encontré en el archivo parroquial el Libro de Difuntos, que narraba de manera espeluznante las 27 muertes por contagio (un tercio de los habitantes del pueblo), y lo publiqué en mi libro Toponimia de Bonansa (Francino & Feixa, 2010). Aquí va el testimonio completo, que demuestra que el contagio viene de antiguo y aunque afecta sobre todo a personas ancianas, en este caso el primero en morir fue un joven estudiante. Por cierto, entre los muertos hay tres personas residentes en la casa de mis antepasados, casa París (que en el documento aparece como casa Parisi o Paricio, por el nombre del fundador, Aparici): Juan Castell de Parisi y Catarina Paricio, probablemente herederos de la casa y por lo tanto antepasados míos, así como Juan Parisi, alias Mona, pobre, quizá un criado de la casa: [2]

Aquí principian los que son muertos del mal del contagio de comienzos año 1652.

Septiembre. A 2 de septiembre murió Bernad Seyra, recibió los Santos Sacramentos y hizo testamento, y ordenó con su alma lo siguiente. Que le sean hechos tres actos, entierro, honras y cavo del año con asistencia de quatro clérigos en cada uno de dichos tres actos, y se les de de caridad y de comer. Idem novena y trentena menor. A 2 de septiembre murió Anna Fresquet, recibió los sacramentos, no hizo testamento por ser pobre y según sus posibilidades se le ha ordenado por su Alma dos actos, entierro y honras con asistencia de tres clerigos en cada actos y se les de caridad y de comer. Idem más novenas y trentena menor. A 21 de dicho mes murió Catalina Suils madre de dicha testadora, recibió los sacramentos, no hizo testamento por ser pobre y según sus posibilidades se le ha ordenado por su Alma dos actos, entierro y honras con asistencia de tres clerigos en cada actos y se les de caridad y de comer. Idem más novenas y trentena menor. 29: Pedro Monet, Anna Abad recibió los sacramentos, no hizo testamento y según sus posibilidades se le ha ordenado por su Alma tres actos, entierro, honras y cavo con asistencia de quatro clérigos en cada acto y se les de caridad y de comer. Idem más novenas y trentena menor.

Octubre. 4: Madalena Fantova. 6: Juana Pena. 14 de dicho mes murió Juan Castell, alias de Parisi, recibió los Santos Sacramentos y hizo testamento, y ordenó con su alma lo siguiente. Primo entierro, honras y cavo del año con asistencia de quatro Clérigos en cada uno de dichos tres actos, y se les de de caridad y de comer. Idem novena y trenteno menor. Idem mas le sean dichos y celebrados tres Aniversarios en cada año en la capilla del Rosario de la Parroquia de Bonansa celebrados por el M. de dicho lugar con caridad de seis sueldos por cada un Aniversario. Idem mas deixa dicho testador en adicion de St. Antonio de dicho lugar de Bonansa doce sueldos de más en cada porcion en cada un año, con cargo y obligación, que el Beneficiado o Capellan que hará dicho servicio tenga obligación de decir y celebrar en cada un año en la Yglesias de San Roque de dicho lugar de Bonansa tres misas rezadas por mi Alma, y demas que yo estoy obligado a rogar; y para fundar la caridad de dichas misas y Aniversarios, se tome del cabal que me queda en Casa de Paricio (sic) veinte cinco escudos y se junten en partes seguras ó los paguen dicha casa de Paricio, pues me queda mi hacienda en ella. 17: Bringuer Fresquet. 17: Maria Monet. 18: Jayme Bernad. 26: Juan Fresquet. 28: Catalina Betraner de Ribas. 29: Catalina Ferré.

Noviembre. 3 de noviembre murio Catarina Paricio, recibio los Santos Sacramentos, tenía hecho testamento y ordeno por su Alma tres actos, entierro, honras y cavo del año con asistencia de quatro clerigos al entierro y honras y dol al cavo del año y se les den de caridad y de comer. Idem novena y trentena menor. 8: Adriana de Pedro. 10: Margalida Abadia. 12: Catalina Fantova. 14: Jayme Monet de Ribas. 16 de noviembre murio Juan Parisi, alias Mona, no hizo testamento, y por ser pobre no se le ha ordenado sino dos actos, entierro y honras con asistencia de dos clérigos en cada uno de dichos dos actos, y se les de de caridad y de comer. 20. Juan Fantova de Saura. recibió los Santos Sacramentos y hizo testamento, y ordenó con su alma lo siguiente. Primo entierro, honras y cavo del año con asistencia de quatro Clerigos en cada uno de dichos tres actos, y se les de de caridad y de comer. Idem novena y trenteno menor. Idem mas quiero y mando que por el tresor que es me sean didchas veinte quatro misas rezadas en cada un año por mi Alma, y de mis Padres y demás de Casa de Saura, con dos responsos al fin de cada misa, y lo consigno al dicho tresor el Censal de Vivils, que es cien sueldos de pension todos los años, cae dia de los Santos o doce Aniversario cantados cada año. 28 de noviembre murio Mariana de Quintana y por ser pobre se enterró por amor de Dios.

Diciembre. 2: Catalina Saura, alo. de Saura. 25: Margalida Navarri. 25: Isabel Vigo, donzella, recibio los Santos Sacramentos y por ser de casa pobre, conforme su posibilidad se le ha ordenadodos actos, entierro y honras con asistencia de dos clérigos en cada acto y se les de caridad. 25. Maria Navarri: 30. Pobre. Murio la moza de soldada de Navarri; recibió los sacramentos y por ser pobre se enterró por amor de Dios.

Aquí cerró el contagio. 

Mi cuarta conexión con el coronavirus es académica: una de las estudiantes chinas del Master Universitario en Comunicación Social de la Universitat Pompeu Fabra que me asignaron para tutorizar su TFM tenía intención de hacerlo sobre el discurso del odio (hate speech) en las redes sociales. Yo le sugerí focalizarlo en los efectos del coronavirus entre la población china de Barcelona y en la comunicación. Cuando hace un mes quedamos para hacer la primera tutoría, me propuso hacerla por internet por si quería evitar el contacto. Entonces me pareció exagerado y la hicimos presencial: ella estaba en Barcelona desde octubre y tenia tantas posibilidades de ser contaminada como cualquier ciudadano (el virus todavía no había llegado a España). Eso sí: mantuvimos la distancia y evitamos darnos la mano. Ayer me escribió para comunicarme que seguía trabajando en el tema, pero que una compañera del master había regresado a China infectada, que otros estaban en cuarentena, y que ella misma llevaba tres días enferma. Le respondí que a partir de ahora estaríamos en contacto por email, pero que ello demostraba que su tema de estudio era del todo relevante. La estudiante me comentó que este grupo de estudiantes chinos padecían una doble discriminación: en Europa por su origen, y si optaban por regresar a China por el miedo a reiniciar la pandemia.

Mi quinta y última conexión con los virus es biográfica: son los recuerdos de infancia, cuando pasé todas las enfermedades infantiles habidas y por haber -gripe, paperas, varicela, sarampión. Entonces el confinamiento era obligatorio: una o dos semanas en casa podía resultar aburrido, pero también era ocasión para disfrutar de la lectura -del Capitan Trueno a Mortadelo y Filemón, Astérix y Charly Brown, pasando por El zoo d’en Pitus y Los siete secretos-, bajar el ritmo de vida y dejarse cuidar por los padres. ¡Cuantos escritores descubrieron su vocación en reclusiones infantiles por enfermedades! Así le sucedió, por ejemplo, al comunicólogo hispano-colombiano Jesús Martín-Barbero (Martin-Barbero & Feixa, 2018). Quizá durante el presente periodo de confinamiento algún o alguna adolescente descubran su secreta vocación literaria, artística o científica.

El coronavirus puede ser letal, pero como diría Lévi-Strauss, resulta bueno para pensar. Y cualquier periodo de confinamiento, como díría Gramsci, invita a reflexionar.

Notas

  1. Este texto fue escrito el primer día del estado de alarma (lunes, 16 de marzo de 2020). El 24 de marzo lo compartí en mi muro de Facebook y el 6 de abril se publicó como Epílogo de un Instant Book escrito con mi hija y una amiga suya: Feixa, C., Méndez, A., Feixa, X. (2020). Adolescentes Confinad@s. Barcelona: NED. https://www.nedediciones.com.
  2. Se trata de la epidemia de peste negra que afectó a la mayor parte de los territorios de la antigua corona de Aragón entre 1648 y 1654, coincidiendo con la guerra dels Segadors (ver Marimon, 2016).

Referencias

  • Crosby, A. W. (1988). Imperialismo ecológico. La expansión biológica de Europa, 900-1900. Barcelona: Crítica. Traducción de Montserrat Iniesta.
  • Francino, G. & Feixa. C. (2010). Toponimia de Ribagorza: Bonansa. Lleida. Milenio.
  • Marimón i Llucià, M.R. (2016). La incidencia de la pesta sobre la revolta catalana de 1640-1652, Gimbernat, 66, 67-78.
  • Martín-Barbero, J., & Feixa, C. (2018). Jesús Martín-Barbero y Carles Feixa Pàmpols conversan sobre comunicación, juventud y memoria: ‘Todo lo que sabemos lo sabemos entre todos’. Metamorfosis, 8, 2-28. http://revistametamorfosis.es/index.php/metamorfosis/article/view/80

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